La economía de Estados Unidos se encuentra en excelente estado. La tasa de desempleo es de 3.8% y la inflación está bajo control.

Los salarios reales como el crecimiento de la productividad han mejorado recientemente. El número de personas en Estados Unidos que trabajan en el sector manufacturero es de 12.8 millones, un aumento de 1.4 millones desde su punto más bajo durante la Gran Recesión.

Por lo que toca al déficit comercial de mercancías de Estados Unidos, llegó a 891,000 millones de dólares en el 2018. Muchos saludaron la noticia al señalar que la cifra representa una derrota para la política de aranceles del presidente Trump, y ciertamente lo fue.

La coexistencia de un enorme déficit comercial con una sólida creación de empleo fue más que una refutación de la política del señor Trump: desmentía la teoría subyacente.

Simplemente no hay una conexión entre el tamaño del déficit comercial y el nivel general de prosperidad. En el contexto de un crecimiento relativamente fuerte, no es de extrañar que los estadounidenses gasten más ingresos disponibles en las importaciones, lo que influye en el impacto de los aranceles.

La ratificación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (conocido como USMCA en Estados Unidos y T-MEC en México) es importante, no tanto porque sea un buen negocio, sino porque la alternativa, la amenaza de Trump de salir del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sería peor.

Sin embargo, el entorno político ha cambiado desde el 30 de noviembre, cuando los líderes de las tres naciones firmaron el USMCA. Ahora, los demócratas dirigen la Cámara de Representantes y no están dispuestos a darle una victoria política a Trump.

Los demócratas exigen al presidente que haga cambios en el acuerdo comercial, pensando en quedar bien con sus potenciales votantes. Mientras tanto, Canadá y México han anunciado que sus legislaturas no lo ratificarán a menos que Trump acepte levantar las tarifas que impuso al acero.

Con noviembre del 2020 a la vuelta de la esquina, la amenaza del señor Trump de hacer volar el TLCAN parecería cada vez más una amenaza de volar su propia reelección. Es decir, la amenaza es una bravata.

Si es que existe un equipo económico de Trump que esté valorando la posibilidad de abandonar el TLCAN, debería de tener un poco de paciencia.

Lo mejor es que no se salga del TLCAN, la economía sería la primera en agradecérselo.