En 1828, Andrew Jackson triunfó sobre John Quincy Adams en las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Fue una victoria que tuvo similitudes sorprendentes con la que infligió Donald Trump sobre Hillary Clinton el año pasado y algunos de los mayores promotores de tales paralelos trabajan actualmente en la Casa Blanca, igualando el mensaje de Trump de populismo económico con la promesa de Jackson de representar al hombre común.

La elección presidencial de 1828 fue muy personal y nada grata. Jackson, una celebridad recién llegada y sin pulir, se comprometió a representar al trabajador olvidado y se enfrentó a un miembro intelectual del orden establecido en Washington quien buscaba extender una dinastía política en la Casa Blanca.

Trump ordenó que se colgara un retrato de Jackson en la Oficina Oval de la Casa Blanca y el estratega jefe de Trump, Stephen Bannon, quien ha promovido la comparación entre ambos, dijo a reporteros tras el discurso de investidura de Trump: No creo que hayamos tenido un discurso como este desde que Andrew Jackson llegó a la Casa Blanca .

Es un momento notable para la rehabilitación de una figura con credenciales populistas y un enfoque en contra del orden establecido, pero que también dejó un legado controversial, especialmente la expulsión forzada de indígenas norteamericanos que causó que cerca de 4,000 murieran y muchos enfermaran.

Era un hombre salvaje durante el día, pero un diplomático durante la noche , comentó Jon Meacham, autor de una biografía de Jackson. Cree que es demasiado pronto para saber si Trump, al igual que Jackson, tiene una estrategia detrás de su teatro y si Trump tendrá la capacidad de aprovechar la ola de populismo que sacudió a todo el planeta como ocurrió en 1820.