Kiev/Balaclava, - El presidente ruso, Vladimir Putin, se hizo con el control de la región ucraniana de Crimea el sábado, argumentando que había una amenaza para ciudadanos rusos y personal de flota del país en el Mar Negro que tiene su base en la zona.

La Cámara alta del Parlamento ruso aprobó un pedido de Putin para enviar fuerzas armadas al territorio ucraniano, donde la mayoría de los habitantes son de origen ruso. No obstante, Crimea ya había comenzado a quedar fuera del control de Kiev tras el cierre del principal aeropuerto y el despliegue de guardias prorrusos en edificios clave.

Los comentarios de Putin, y de un líder prorruso de Crimea esta semana, confirman en la práctica lo que la mayor parte de la gente en la región asumía: que las unidades militares que tomaron el control de la región en los dos días anterior son en realidad fuerzas de Moscú.

Ucrania acusó el sábado a Rusia de enviar miles de tropas más a Crimea, una región ampliamente hostil al nuevo Gobierno de Kiev que surgió de la destitución la semana pasada del presidente Viktor Yanukovich, y puso a su Ejército en la región en alerta elevada.

Tras la caída de Yanukovich, Crimea se ha vuelto rápidamente el foco de una crisis que entraña peligro para toda la región.

Ucrania está al borde del desastre económico y fuertemente endeudada. Cualquier foco separatista en los territorios de habla rusa en el este industrial puede provocar un riesgo de desintegración con serias consecuencias para países cercanos como Rusia, Polonia y Bielorrusia.

Francia, Alemania y Gran Bretaña expresaron su preocupación el sábado por los rápidos eventos en la región ucraniana de Crimea y exhortaron a las partes a evitar una mayor escalada en las tensiones y a Rusia a que respete la soberanía de Ucrania.

Los llamados se suman a los comentarios del presidente estadounidense, Barack Obama, que advirtió a Rusia que cualquier intervención podría acarrear costos.

Alemania consideró los acontecimientos en las últimas horas como peligrosos y el ministro de Exteriores británico, William Hague, dijo que había hablado con su par ruso, Sergei Lavrov, y que le pidió reducir las tensiones.

El lenguaje de Moscú recuerda a épocas de la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética sentía que países aliados del este de Europa estaban bajo amenaza por intrigas occidentales, algo que el Kremlin ha mencionado en las últimas semanas como un factor en la crisis en Ucrania.

Cerca de la ciudad de Balaclava, en Crimea, hombres armados que hablaban ruso y vestían trajes de camuflaje, pero no llevaban señales que los asociaran con las fuerzas de Moscú, bloqueaban un puesto fronterizo ucraniano. Eran apoyados por carros blindados, también sin enseñas.

"Quiero vivir en Rusia, quiero que nos unamos a Rusia", dijo Alla Batura, una pensionada de 71 años que vive en Sebastopol. "Son buenos muchachos (...) Nos están protegiendo, así que me siento segura".

Inna, una recepcionista de 21 años de una tienda, era menos entusiasta. "Estoy aturdida. No entiendo de que va esto (...) La gente dice que vienen aquí a protegernos ¿Quien sabe?".

Muchos rusos tienen un fuerte vínculo emocional con Crimea y Sebastopol, la "ciudad heroica" de la era soviética que fue asediada por los nazis.

Para Ucrania, independiente de Rusia desde la desintegración de la Unión Soviética en 1991 e inmersa en una crisis económica, su pérdida sería un enorme golpe.

Los nuevos líderes ucranianos, que protagonizaron una larga campaña de presión en las calles contra Yanukovich después de que éste rechazó un acuerdo con la Unión Europea en favor de lazos más estrechos con Rusia, parecen muy presionados para hacerse cargo de la situación en Crimea.

RRR