Tres días antes de la masacre de 16 civiles afganos, mientras el sargento Robert Bales cumplía 1,192 días en combate, su casa en un suburbio de Tacoma, Washington, fue puesta en venta en una de las listas de bienes raíces. Años de servicio en el extranjero con el sueldo de un Sargento llevó los recursos familiares hasta un punto de quiebre, y ahora la propiedad de Bales se encontraba en mal estado y 50,000 dólares por debajo de su valor.

La noticia, aunque no inesperada, fue un nuevo golpe para el hombre de 38 años y padre de dos niños, quien entonces llevaba tres meses en Afganistán cumpliendo una misión que había esperado evitar. De acuerdo con sus amigos, en su exterior Bales portaba las cicatrices de heridas sufridas durante sus tres periodos anteriores en Irak. Sin embargo, las heridas internas de sus múltiples despliegues y del deterioro de su familia no fueron evidentes sino hasta la noche en la que, de acuerdo con oficiales del Ejército de EU, tomó su fusil y se dirigió sólo hacia una aldea en la cercanía de su base en Kandahar.

En menos de una hora, según se dice, Bales ejecutó metódicamente a 16 civiles, entre ellos cuatro niños de casi la misma edad que sus hijos. Luego, prendió fuego a los cuerpos y regresó a su base para entregarse.

Es imposible saber con certeza qué es lo que llevó a Bales a cometer el horrible acto del 11 de marzo. Cientos de miles de otros soldados estadounidenses han sufrido tensiones similares durante los 10 años de lucha en Irak y Afganistán. Sin embargo, días después de que la identidad de Bales se hiciera pública, emerge el retrato de un soldado y una joven familia arrasada por la tensión física y emocional acumulada por una década de guerra.

A decir de todos, Bales, un dedicado hombre de familia y un soldado templado que recibió reconocimientos por su servicio, parecía haberse transformado en el presunto asesino detrás de una de las peores atrocidades del conflicto.

Si bien los delitos que se le imputan a Bales son brutales, los defensores militares exponen que las presiones que enfrentó Bales son comunes en un Ejército agotado por el periodo en guerra más largo en la historia del país. Michael Waddington, abogado de soldados, afirmó que el Pentágono no tiene los recursos para tratar a las tropas que sufren de ansiedad y estrés.