La Haya. El gobierno holandés, uno de los mayores críticos de los países europeos que han fallado en controlar sus presupuestos, renunció ayer luego de no llegar a un acuerdo sobre un plan para reducir su propio déficit en consonancia con las normas de la Unión Europea (UE).

El primer ministro Mark Rutte­ presentó la renuncia de todo su gabinete, con efecto inmediato, a la reina Beatriz, después de informarle que las conversaciones sobre un nuevo paquete de austeridad colapsaron el fin de semana.

Rutte debatirá hoy con el Parlamento sobre si, y de qué manera, su gobierno provisional podría mejorar el presupuesto y cuándo se programarían las nuevas elecciones. No se ha anunciado fecha alguna hasta el momento, pero los legisladores de la oposición pidieron que se realizaran los sufragios a finales de junio.

El líder del Partido Laboralista de oposición, Diederik Samsom, acusó a Rutte de soltar el balón en el peor momento posible para la economía holandesa y exigió elecciones inmediatas.

El colapso del gobierno holandés se produjo un día después de la victoria en la primera vuelta de las elecciones francesas del candidato socialista, Francois Hollande, quien ha dicho que quiere centrarse menos en la austeridad y más en el crecimiento económico.

Los dos hechos ponen en duda si las políticas de reducción del presupuesto -que provocan trauma en países como Grecia, España y Portugal- se pueden aplicar incluso en naciones como Francia o los Países Bajos, uno de los pocos, junto con Alemania, que mantienen una calificación crediticia AAA.

Las esperanzas de Rutte de alcanzar un acuerdo para reducir el déficit dentro de la meta de la UE de 3% se evaporó el sábado, cuando su aliado político más importante, el populista euroescéptico Geert Wilders cortó con las conversaciones, al afirmar que una adhesión servil a las normas europeas era una tontería y perjudicaría a la economía holandesa.

No tiene sentido sufrir por el bien de los dictadores en Bruselas , manifestó Wilders.

Muchos coinciden en que el objetivo es demasiado agresivo, incluida la Oficina Central de Planeamiento, el think tank económico del gobierno holandés.

La comisaria europea, Neelie Kroes, llamó a Wilders un hipócrita, ya que Holanda, junto con Alemania, habían sido unos de los más fragorosos defensores de la exigencia de que Bruselas adoptara el límite de déficit de 3% en primer lugar.