Washington. La alegría que le produjo la ceremonia de toma de posesión le duró pocas horas al presidente Donald Trump. El sábado por la mañana, después de realizar una oración en privado, comenzó a dar algunos destellos de lo que sería un día de prolongado frenesí. Trump encendió la televisión y comenzó a ver las comparaciones de los eventos inaugurales de Obama y el suyo. Simplemente, estalló.

Las malas noticias para Trump se acumulaban demasiado rápido: un tuit del Servicio de Parques Nacionales detonó la fotografía comparativa de los eventos de Obama y Trump; una periodista escribió que Trump había quitado el busto de Martin Luther King del despacho Oval (lo cual era falso); actores y cantantes manifestándose en contra de Trump. La cantante Madonna, por ejemplo, hizo público un pensamiento que ha tenido en recientes días: Hacer estallar la Casa Blanca .

Algunos de los asesores de Trump le sugirieron responder a través de un simple tuit. Le recordaron al presidente que no se anclara en los contrastes con Obama; que lo mejor era centrarse en temas políticos. Sin embargo, Trump no lo aceptó. Acto seguido pidió a su vocero, Sean Spicer, que diera una respuesta clara, contundente y que dejara fuego en el camino.

Spicer compareció frente a la prensa de manera fallida. Dijo demasiadas mentiras, pero detrás de ellas dejó entrever que el entorno de Trump en la Casa Blanca es complejo. La lucha del poder comenzó en el primer minuto de gobierno.

Las fuentes que colaboraron para redactar esta nota pidieron su anonimato.

La imagen cansada

En el ambiente ortodoxo de los medios, la conferencia de Sean Spicer no fue bien vista. Apareció cansado, nervioso y con mala apariencia de su vestimenta. Su traje era muy ajustado.

Lo malo para Spicer no terminó con las críticas de los medios, tampoco a su jefe le gustó la forma en que trató de atemperar los señalamientos de los medios. Para Trump, Spicer leyó mal el mensaje que llevaba escrito en una hoja.

Trump se sintió desmoralizado por la percepción que tuvo la gente sobre la información que los medios registraron en el día inaugural.

Conway, la favorita

A diferencia de Reince Priebus, Stephen Bannon y Jared Kushner, Spicer no goza de una estrecha relación personal con el presidente Trump. El presidente llevó a Spicer a la Casa Blanca con muchas dudas. No ve en él un perfil televisivo y prefiere una mujer en el cargo. Kellyanne Conway (quien difundió el eufemismo hechos alternativos en lugar de reconocer las mentiras de Spicer) era quizá su elegida; sin embargo, la visión conservadora de su grupo de influencia y la revelación de la noticia sobre un plagio, le hizo cambiar de opinión. Kushner tampoco tiene una buena opinión sobre Conway. Sin embargo, el papel de ella dentro del equipo de Trump es importante para el propio presidente. Puede asistir a muchos eventos y ofrecer su propio mensaje. Trump la admira, y hay quien asegura que el presidente le encomendó una misión especial.

El domingo, mientras que gente alrededor de Trump criticaba las palabras de Conway en el programa Meet the Press (donde expresó el eufemismo hechos alternativos ), Trump la apoyaba.

El frenesí es un rasgo que no tuvo Obama; nuevos tiempos.