Trump anunció la cancelación de lo que hubiera sido una cumbre histórica con el líder norcoreano Kim Jong-un, donde los dos líderes tendrían que haber discutido la desnuclearización, entre otros temas.

Unas horas antes, Corea del Norte invitó a un grupo de periodistas extranjeros para que fueran testigos de la demolición de una plataforma de ensayos nucleares, Punggye-ri. El acto parecía ser un gesto de buena voluntad dos semanas antes de la cumbre en Singapur.

El hecho de que estos dos eventos ocurrieran en el mismo día puede ser una desafortunada coincidencia. En su carta que Trump envió a Kim para cancelar la cumbre, no mencionó la demolición de la plataforma nuclear, pero sí escribió sobre la “hostilidad abierta” detonada por el régimen norcoreano al haber llamado “maniático político” al vicepresidente Mike Pence.

Trump dijo en una carta a Kim, difundida por la Casa Blanca, que, dada esa declaración, le parecía “inapropiado, en este momento, realizar esta reunión planificada desde hace tiempo”.

El presidente mencionó que los norcoreanos hablan de sus capacidades nucleares, “pero las nuestras son tan colosales y poderosas que ruego a Dios que nunca haya que usarlas”.

Ahora, puede ser que Corea del Norte sienta que hizo importantes concesiones para una cumbre que no se llevó a cabo.

“Ciertamente Corea del Norte tiene la culpa”, dijo Lee Seong-hyon, investigador del Instituto Sejong en Seúl. “Pero Estados Unidos no entregó lo que Corea del Norte estaba esperando a cambio”.

Kim podría pensar que fue engañado por Trump, escribió Hu Xijin, editor del periódico estatal chino Global Times, en Twitter. “Mucha gente también lo piensa de esta manera”.

Los Estados Unidos habían negado explícitamente hacer concesiones a cambio de los norcoreanos. “Hasta la fecha no hemos hecho ninguna concesión a Kim Jong-un”, dijo el secretario de Estado, Mike Pompeo, el miércoles.