El presidente catalán Carles Puigdemont declaró este martes la independencia de Cataluña para suspenderla a continuación, en una confusa y tensa jornada, con el objetivo de negociarla con el gobierno español, que lo rechazó de pleno.

“Constituimos la República catalana como Estado independiente y soberano”, se lee en el texto firmado por Puigdemont y los otros 71 diputados independentistas tras un histórico y ambiguo debate parlamentario.

En juego está el futuro de un territorio estratégico para España, con una superficie similar a la de Bélgica, con 16% de su población, 20% de su Producto Interior Bruto y 25% de sus exportaciones. Y desde Madrid no piensan quedarse de brazos cruzados.

Carles Puigdemont cruzó la línea roja marcada por Mariano Rajoy. “Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república; eso es lo que hacemos hoy con toda solemnidad”, dijo Puigdemont en el Parlamento catalán.

Acto seguido, Puigdemont pidió que el Parlamento suspenda dicha declaración de independencia para iniciar un diálogo en busca de una solución pactada. “El Govern y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos el diálogo”, señaló.

Antes de anunciar su independencia en diferido, Puigdemont aludió a los más de 2.2 millones de catalanes que, según el Govern, votaron en el referéndum ilegal del 1 de octubre, asegurando que “lo que voy a exponer no es una decisión personal, sino el resultado del 1-O”.

Puigdemont eligió el limbo para situarse; el día de hoy el gobierno de Rajoy definirá las acciones que tomará para intentar solucionar la crisis.