Washington. Ésta es la temporada del miedo para quienes levantan el censo. Desde que iniciaron las visitas domiciliarias de seguimiento a principios de mayo, los 635,000 empleados del censo 2010 se han topado con ira, enojo, amenazas y destellos de violencia.

A la fecha se han reportado 379 incidentes de agresiones, más del doble de los 181 incidentes registrados en el censo 2000.

Las filas de los trabajadores del censo disminuyeron en forma considerable y muchos de quienes renunciaron coincidieron en que no esperaban tal grado de enojo contra el gobierno por el desempleo, pérdida de casas y empobrecimiento.

Algunos de los exempleados afirmaron que llegaron a sentir que su vida estaba en peligro y que la gente los considera la personificación de un gobierno incompetente.

Quedan tres semanas de la etapa de visitas domiciliarias del conteo, pero según diversos analistas, lo que resta es la parte más difícil, pues incluye los barrios urbanos de mayor violencia.

Douglas McDonald, un veterano investigador ya jubilado del Departamento del Trabajo, comentó que nunca esperó ese fervor antigubernamental . No quieren saber nada del gobierno. Están muy resentidos , dijo al explicar que renunció cuando un ciudadano le arrebató las formas y lo amenazó, por lo que llamó a la policía.