Masaya. Una mujer se presentó en uno de los confesionarios de la iglesia de San Miguel Arcángel en Masaya, esta bulliciosa ciudad comercial. Era alta, de unos 40 años, bien vestida. Pudo haberse tratado de una empleada de oficina, pensó el sacerdote Edwin Román.

Luego, ella se acomodó en el banco del confesionario y se inclinó para decirle: “¿Dónde puedo conseguir bombas?”.

“Puedo reconocer a las personas que son infiltradas”, dijo el sacerdote, un conocido partidario del movimiento prodemocracia de Nicaragua. Los espías del gobierno del presidente Daniel Ortega, dijo, estaban tratando de amedrentarlo.

Ortega ha respondido con furia a los más serios disturbios políticos de Nicaragua desde la década de 1980, lo hace prohibiendo las protestas y sofocando a la disidencia.

A medida que el conflicto sigue presente, la Iglesia católica, uno de los lugares de resistencia contra el régimen, se encuentra sitiada.

Los partidarios del presidente Daniel Ortega intentan infiltrarse en las iglesias. Durante las misas, las fuerzas de seguridad rodean a las iglesias.

Así es la Nicaragua de Ortega.