Managua. Al menos tres muertes ha dejado la incursión de antimotines y paramilitares en el suroeste de Nicaragua, persistiendo la violencia que deja más 230 muertos en casi tres meses de protestas contra el presidente Daniel Ortega, quien descartó adelantar elecciones para resolver la crisis.

Hombres vestidos de civil, con capuchas negras y fuertemente armados, recorren calles de Jinotepe y Diriamba, en el departamento de Carazo, mientras palas mecánicas desmontan barricadas levantadas por manifestantes, según videos de pobladores difundidos en redes sociales.

La situación continúa tensa con enfrentamientos a tiros entre fuerzas del gobierno y manifestantes. Hay varios heridos y una veintena de detenidos, de acuerdo con los grupos locales humanitarios.

Una decena de personas se resguarda en la basílica de San Sebastián de Diriamba, asediada por hombres armados, según testigos y miembros de la Iglesia católica.

El Cenidh en Carazo y la Asociación Nicaragüense pro Derechos Humanos aseguraron que paramilitares y antimotines también tomaron los hospitales de Diriamba, a 45 km de Managua, y de Jinotepe.

En un acto ante miles de seguidores en Managua, Ortega, exguerrillero de 72 años y quien gobierna desde el 2007 por tercer periodo consecutivo, descartó un adelanto de elecciones como propuso la Iglesia y exigen sus opositores. “Las reglas no pueden venir a cambiarlas de la noche a la mañana simplemente porque se le ocurrió a un grupo de golpistas”, aseguró el mandatario.