La planificación para el asalto final a Raqqa, la capital del califato del Estado Islámico, fue un plan que esbozó Barack Obama durante su Presidencia.

No había demasiadas opciones pero el equipo de asesores de política exterior estaba convencido de que habían encontrado la estrategia adecuada: consistía, primero, en armar a un grupo kurdo para reforzar la entrada del ejército de EU. La falla consistió en que Obama y su equipo deliberaron la estrategia durante siete meses.

El 17 de enero, tres días antes de entregar el poder a Donald Trump, Obama le entregó un documento que incluye la estrategia y datos sobre cómo remover al presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quien tiene a los kurdos como enemigo principal.

Funcionarios de la nueva administración comentaron que el plan no es sólido.

En varias ocasiones, Donald Trump ha comentado que acabará con el Estado Islámico rápidamente. Su apoyo al secretario de Defensa, Jim Mattis, es total y él será quien decida formular la que considere estrategia adecuada.

Asalto a Raqqa

El Pentágono necesitaba a un aliado en la zona para asaltar Raqqa. Obama pensó en los kurdos, enemigos de Erdogan. En conversaciones telefónicas, el presidente turco reveló que el Estado Islámico no es su principal preocupación. Lo es en primer lugar los kurdos y posteriormente el presidente sirio, Bashar el Asad.

El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) es una formación considerada como terrorista por la Unión Europea y Estados Unidos. Éste fue uno de los dilemas de Obama: ¿entregarles armas a los enemigos? Susan Rice, asesora de seguridad, y Ashton Carter, secretario de Defensa del presidente Obama, tuvieron posiciones encontradas.

No hubo ataque.