Washington.- El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunciará el miércoles la cantidad de soldados que serán retirados de Afganistán el mes próximo, en un discurso que podría, casi diez años después del comienzo de la guerra, esbozar una estrategia de salida.

"El discurso sobre Afganistán será el miércoles", indicó a la AFP un alto funcionario bajo anonimato, sin dar más detalles. Otro alto funcionario que tampoco quiso ser identificado confirmó esta información.

En diciembre de 2009, Obama anunció el envío de 30,000 soldados suplementarios a Afganistán para luchar contra los talibanes -elevando el número total a cerca de 100.000- y prometió que a partir de julio de 2011 "nuestros soldados comenzarán a regresar a casa".

Pero desde entonces, la Casa Blanca no ha dado cifras claras sobre el número de soldados que regresarán, ni sobre la rapidez de la retirada, limitándose a decir que esto se decidirá en función de "la situación en el terreno".

El Wall Street Journal había afirmado el viernes que el Pentágono había pedido a Obama mantener la presencia de las tropas enviadas de refuerzo hasta el otoño de 2012. La Casa Blanca no dio ningún indicio sobre el tenor de la decisión del presidente.

Obama se ha reunido regularmente con su equipo de seguridad nacional, y recibió el miércoles en la Casa Blanca a su comandante militar en el terreno, el general David Petraeus.

La decisión de Obama, cualquiera que sea, deberá intentar resolver una ecuación compleja: no comprometer los progresos "frágiles y precarios" registrados en el terreno, según la propia confesión del gobierno, pero también tomar en consideración la opinón pública estadounidense.

Obama, candidato a su reeleción en noviembre de 2012, debería así tratar de pasar el mensaje de que la guerra, desatada tras el 11 de septiembre de 2001, no será interminable. La cumbre de la OTAN en Lisboa a fines de 2010 ratificó el principio de una transferencia de las responsabilidades de seguridad a las fuerzas afganas en 2014.

Los efectivos del ejército estadounidense en Afganistán se han casi triplicado desde la llegada de Obama al poder, en enero de 2009. El presidente ha insistido en la necesidad de impedir a Al Qaida haga nuevamente pie en el país para usarlo de base a fin de atacar otra vez suelo estadounidense.

Pero más y más voces de levantan en el Congreso para exigir el fin de las operaciones en el país, cuyo costo se evalúa en unos 10.000 millones de dólares al año, en particular desde la muerte del jefe de Al Qaida, Osama bin Laden, durante un operativo norteamericano el 2 de mayo en el vecino Pakistán.

Como durante la elaboración de su estrategia en Afganistán, anunciada a fines de 2009 tras casi tres meses de consultas, Obama deberá tomar en consideración las relaciones entre Washington e Islamabad, que la Casa Blanca califica de "esenciales pero complicadas" y que el operativo contra Bin Laden no contribuyó a distender.

Al menos una parte de los miembros de los poderosos servicios de inteligencia paquistaníes son sospechosos de colusión con extremistas islámicos, que utilizan las regiones tribales del noroeste de Pakistán, fronterizas con Afganistán, como bases de retaguardia de la insurrección, y contra las cuales Estados Unidos ha recurrido regularmente a ataques de aviones no tripulados.

El esperado anuncio de Obama tendrá lugar asimismo con el fondo de crecientes tensiones con el presidente afgano Hamid Karzai, que no ha ahorrado palabras recientemente contra las fuerzas extranjeras, obteniendo una réplica tan rara como firme del embajador saliente de Estados Unidos, Karl Eikenberry.

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