Bogotá.- El Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC se sentarán frente a frente en los próximos días en Noruega, en el inicio de una negociación de paz con la que intentarán poner fin al violento conflicto interno que agobia a la nación sudamericana desde hace casi 50 años.

Es el primer intento en más de una década para buscar una solución política negociada a la confrontación que cobra cientos de vidas anualmente e impide a la cuarta mayor economía de América Latina aprovechar al máximo su auge en los sectores petrolero y minero, soportado en la inversión extranjera.

Una serie de duros golpes militares en los últimos años debilitaron a las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con la muerte de varios de sus más influyentes comandantes y la deserción de miles de combatientes, pero no lograron el objetivo de aniquilar a la insurgencia.

Ante esa situación, el presidente Juan Manuel Santos, luego de conversaciones secretas con la guerrilla que comenzaron desde que asumió el poder en agosto del 2010, tratará de romper la racha de fracasos de varios de sus antecesores y lograr la anhelada paz.

Un éxito aseguraría a Santos un lugar destacado en la historia de Colombia y dejaría abierta la puerta a su eventual reelección en el 2014, pero un fracaso acabaría con su capital político y sus posibles aspiraciones de continuar en el poder.

"Hay quienes creen que sólo con la victoria militar se logra la paz. Yo digo que en ninguna parte del mundo se ha conseguido la paz por las armas", dijo el ex presidente César Gaviria, quien apoya las gestiones de Santos para poner fin al conflicto.

"No creo que eso, la solución al conflicto, esté a la vuelta a la esquina, pero creo que es un ejercicio que había que hacer", agregó el político que fallidamente intentó avanzar en una negociación de paz con las FARC en su Gobierno.

El mandatario colombiano, un economista de 61 años educado en Estados Unidos e Inglaterra, abrió el camino para el proceso de paz al lograr la aprobación por parte del Congreso de importantes reformas para devolver las tierras a los campesinos desplazados por la violencia e indemnizar a las víctimas del conflicto, de acuerdo con analistas.

La reforma agraria y la atención a los más desprotegidos han sido por décadas algunas de las banderas con las que las FARC, el grupo rebelde activo más antiguo del hemisferio, justifican su lucha armada contra el Estado.

La negociación es la primera desde los fallidos diálogos durante el Gobierno del ex presidente conservador Andrés Pastrana, que comenzaron en enero de 1999 y colapsaron en el 2002 después de una escalada de ataques y secuestros por parte de las FARC, consideradas terroristas por Estados Unidos y la Unión Europea.

NEGOCIACIÓN EN MEDIO DEL CONFLICTO

Pese al objetivo de evitar repetir los errores del pasado, Santos decidió iniciar una negociación sin un cese del fuego y aceptar el riesgo de un eventual incremento de la violencia de parte de la guerrilla para demostrar su poder en la mesa de diálogo.

Las FARC, con unos 8,000 combatientes, anunciaron que el cese al fuego será uno de los primeros temas que pondrán sobre la mesa pese a la intransigencia que ha mostrado Santos en este punto y su orden de incrementar las operaciones militares contra la insurgencia.

Expertos han interpretado esta estrategia como una política de zanahoria y garrote para buscar la paz.

Después de la apertura del diálogo en Noruega, las negociaciones se trasladarán a Cuba, donde fueron celebrados los acercamientos secretos.

Ambas partes, con un máximo de cinco representantes en la mesa -pese a que pueden tener suplentes-, discutirán cinco grandes temas que incluyen el desarrollo rural, garantías para el ejercicio de la oposición política, el fin del conflicto, el narcotráfico y los derechos de las víctimas.

Uno de los principales asuntos podría centrarse en si los jefes de las FARC, acusados de delitos de lesa humanidad, pueden hacer política o van a la cárcel para pagar por sus crímenes como lo reclama el ex presidente Alvaro Uribe, feroz crítico del proceso.

Ante la eventualidad de convertirse en una fuerza política, algunos integrantes de las FARC temen correr la misma suerte que la Unión Patriótica, un movimiento de izquierda que fue exterminado en ataques selectivos de paramilitares de ultraderecha en la década de 1980.

El tiempo de la negociación será otro de los obstáculos a vencer. Mientras Santos sostiene que se puede lograr un acuerdo en unos nueve meses, la guerrilla insiste en que no se le debe poner un límite "fatal".

La producción y el tráfico de cocaína también son álgidos con una guerrilla activamente involucrada en el lucrativo negocio, según fuentes de seguridad, pese a que sus representantes lo niegan insistentemente.

"Esa es la raíz del conflicto. Mientras persista el negocio del narcotráfico, la paz como la imaginamos no será posible", afirmó Gaviria.

Las diferencias podrían fragmentar al grupo guerrillero después de un eventual acuerdo de paz, con comandantes que desconozcan los acuerdos, como sucedió con los antiguos paramilitares que se convirtieron en bandas criminales luego de una negociación con el Gobierno del ex presidente Uribe.

Los colombianos, entre la esperanza y el escepticismo, esperan que la negociación permita poner fin a la confrontación que afecta a la población civil, como por ejemplo en regiones remotas como el departamento del Cauca, una zona estratégica para el tráfico de drogas y armas con alta presencia de las FARC.

"Pues es una guerra donde pagamos justos por pecadores porque igual los que sufrimos somos nosotros, nuestras familias, nuestros padres", dijo Sara Eva Muñoz, una mujer campesina del Cauca.

"Que nos toque salir de nuestras casas, dejando todo abandonado para refugiarnos en otra parte porque uno tiene sus hijos y no quiere que a sus hijos les pase nada ni a uno", narró describiendo su drama diario.

klm