Islamabad. Los médicos han extraído una bala alojada cerca de la columna de Malala Yousafzai, la niña paquistaní de 14 años de edad quien fuera baleada en su autobús escolar por los talibanes, anunciaron ayer las autoridades. Las posibilidades de sobrevivir de Yousafzai mejoraron después de la cirugía, pero permanece inconsciente y en estado crítico.

La policía expuso haber identificado a un sospechoso del tiroteo, pero aún no lo detuvieron. Akbar Khan Hoti, jefe de policía de la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, donde vive Yousafzai, indicó a un canal de noticias que el atacante había viajado desde el este de Afganistán.

Entre tanto, el gobierno provincial anunció una recompensa de 100,000 dólares por información que conduzca a la captura del sospechoso.

Mientras que niños de todo el país celebraron vigilias de oración por la activista adolescente de la educación, muchos líderes políticos paquistaníes y figuras internacionales expresaron su repulsión por el atentado en la volátil región del valle de Swat.

Pero los partidos religiosos y los líderes de las mezquitas guardaron silencio, hecho que destacó el control que los clérigos derechistas mantienen sobre este país de mayoría musulmana cada día más conservador. Los líderes religiosos raramente denuncian los atentados suicidas o los ataques sectarios por temor a provocar a los talibanes.

Estos partidos religiosos tienen fuertes vínculos ideológicos con los talibanes. Conceptualmente, no hay mucha diferencia entre ellos. Quieren controlar al Estado y usar el yijad contra el Occidente , expuso Ijaz Khattak, un profesor de la Universidad de Peshawar que conoce a Yousafzai y a su padre, un educador y miembro del consejo tribal de Swat.

El Talibán paquistaní manifestó que había enviado un pistolero para matar a Yousafzai, una estudiante de noveno grado, porque el grupo militante le considera un símbolo pro occidental de los infieles y la obscenidad . Un portavoz del grupo afirmó el martes que si sobrevive intentará matarla de nuevo.

Pero la mayoría en Pakistán ve en Yousafzai, cuya defensa de la educación de las niñas ganó reconocimiento mundial, un símbolo de esperanza en un país acosado por la violencia y la desesperación.

El más alto funcionario militar de Pakistán, el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Ashfaq Kayani, visitó a Yousafzai ayer miércoles por la mañana en el hospital militar de Peshawar, donde es atendida por heridas de bala en la cabeza y el cuello. Kayani, posiblemente el hombre más poderoso de Pakistán, calificó el atentado como un atroz acto de terrorismo .

Los cobardes que atacaron a Malala y a sus compañeros de estudios han demostrado una y otra vez lo poco que aprecian la vida humana y de lo bajo que pueden caer en su cruel ambición de imponer su torcida ideología , indicó Kayani.