La violencia en Nicaragua ha elevado el número de muertos a unas 400 personas, en su mayoría civiles, desde mediados de abril, cuando una propuesta de reforma de pensiones provocó protestas contra el gobierno del presidente Daniel Ortega. Esas manifestaciones se intensificaron en las semanas siguientes con ciudadanos inconformes levantando barricadas en ciudades de todo el país. El malestar de los manifestantes ha sido recibido desde entonces con una represión sangrienta y despiadada .

Tan solo una marcha masiva el 30 de mayo pasado en Managua, dejó una docena de manifestantes asesinados a tiros por fuerzas progubernamentales.

En resumen, el régimen de Ortega ha optado por la represión total similar a la practicada contra el movimiento opisitor en Venezuela. Es cierto que los manifestantes en Nicaragua han bloqueado carreteras claves, la misma táctica que utilizaron los oponentes a la antigua dictadura de Somoza (también lo hizo el frente sandinista de Ortega). Pero el régimen de Ortega está forzando a sus oponentes a la huelga y a la desobediencia civil, y esa situación está afectando a la economía nicaragüense. El gobierno también es responsable de la gran mayoría de las muertes y lesiones. Contrariamente a la propaganda del régimen, la oposición sigue siendo pacífica y desarmada. El único terrorismo en Nicaragua es el de tipo oficial.

Ortega, un ex guerrillero marxista de 72 años, se parece cada vez más al tirano que él y sus camaradas derrocaron una vez.