La creación de las instituciones Internacionales sucedió luego de una de las destrucciones más catastróficas entre naciones. La Gran Guerra puso énfasis en la necesidad de crear otra forma de interacción, incluso una contraria al poder militar. De tal manera, se propuso el poder de la Democracia, el Derecho Internacional y el Comercio Exterior.

Lo interesante es que esta historia no se cuenta con el escepticismo de uno de los diplomáticos más famosos, Henry Kissinger, en su libro ‘la Diplomacia’. Para Kissinger la gestación del orden mundial del siglo XX fue liderada por dos visiones opuestas en Estados Unidos, una basada en el realismo, que él apoyaba, y otra en el idealismo que, sin poder económico o militar, Kissinger la catalogó como ingenua y utópica. Estas visiones fueron lideradas por Theodore Roosevelt, creyente del liderazgo internacional de EE.UU. para servir a los intereses del Estado, mientras que Woodrow Wilson era creyente del liderazgo internacional de EE.UU. para exportar valores democráticos al mundo.

A pesar de la ingenuidad con la que se veía a la segunda visión, el mismo Kissinger se sorprendió cuando la Liga de las Naciones, propuesta por Woodrow Wilson, se convirtió en el antecedente de las Naciones Unidas. No obstante, la actual pandemia del Covid-19 pone a prueba la triada de Democracia, Comercio Exterior y Derecho Internacional, con cuestionamientos pre-Covid-19, incluso dentro del mismo EE.UU.

Por un lado, en tiempos de pre-Covid-19 presenciamos la imposición arancelaria de EE. UU. y la victoria del nacionalismo frente a la Unión Europea con el Brexit. Recientemente existen disputas dentro de la Unión Europea para financiar medidas de apoyo frente al Covid-19, así como el retiro de EE.UU., quizá permanentemente, de sus fondos para la OMS.

También, existen tensiones entre un monitoreo autoritario y tecnológico del movimiento de personas contagiadas como en el caso de China y Corea del Sur, frente a políticas públicas más democráticas y con mayor flujo económico como en el caso de Suecia.

Los hechos anteriores nos hacen cuestionar la fortaleza del actual orden mundial y quizá verlo con el mismo escepticismo que Kissinger otrora tuvo - es como si él nos pronunciara un “se los dije”.

¿Qué es lo que hace falta dentro de las actuales instituciones internacionales para que sean más efectivas y generen mayores resultados?

Primero, tener confianza en las instituciones internacionales para que éstas puedan seguir evolucionando. Existen varias semillas para la evolución hacia un nuevo orden mundial. El multilateralismo 2.0 pide actores más especializados para enfrentar los actuales problemas que son del ámbito global, como la pandemia. Esta especialización se ha desarrollado en las instituciones internacionales. Sin embargo, un diplomático tradicional no tiene el conocimiento de un doctor en virología. En la diplomacia tradicional es necesario acompañarse de la ciencia y la educación dentro las mesas de negociación tanto en el ámbito multilateral como en el bilateral.

Además, el siglo actual tiene un nuevo componente: la tecnología. No obstante, son pocos los gobiernos que tienen un representante diplomático encargado de negociar con los gigantes tecnológicos, como es el caso de los países nórdicos con un representante en Silicon Valley, para entablar conversaciones sobre la protección de datos personales de sus ciudadanos, por ejemplo.

En el ámbito económico, los tratados de libre comercio son importantes para crear cadenas de valor, riqueza y colaboración, pero la economía global debe seguir evolucionando. hoy en día es fundamental integrarse a la economía de la innovación, de la tecnología y de la educación como herramientas para alcanzar un desarrollo humano entre naciones. El siglo XXI ya tiene nuevas semillas para su evolución, falta ver cómo las Relaciones Internacionales logran adaptarse a éstas de mejor manera.

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