En el cada vez más enérgico debate sobre las leyes de control de armas de fuego de Estados Unidos, dos arquetipos femeninos han surgido.

La afligida madre cuyo hijo murió en un tiroteo y cuyas peticiones por una regulación más estricta parecen ser inexpugnables. Y la madre dura que quiere el máximo poder de fuego para tomar el asunto en sus propias manos y proteger a su progenie.

Mientras el Congreso sopesa la agenda del presidente Obama para endurecer las leyes de armas, poderosos grupos de presión en ambos lados de la cuestión incorporan a las mujeres como portavoces y símbolos. En anuncios de televisión y artículos de opinión, en discursos en los mítines y testimonios ante los legisladores, los dos tipos de emblemas femeninos avivan la emoción y el miedo en un intento de influir en la opinión pública.

En Newtown, Connecticut, una madre tras otra, testificó por la pérdida de sus hijos en la masacre de la primaria Sandy Hook o acerca de la culpa que la atormenta porque su hijo sobrevivió.

Los defensores de restricciones más estrictas a las armas de fuego emplean a las madres de las víctimas del tiroteo con la idea de que cuando hablan en contra de la violencia armada, es difícil no hacerles caso.

Entre tanto, los cabilderos en favor de las armas utilizan a las mujeres para crear una imagen más suave de la industria dominada por los hombres y enmarcar su agenda como algo más afín a la seguridad de la familia y la autoprotección.