Independientemente de la empresa encuestadora y de su metodología, todos los sondeos muestran la caída de la popularidad del gobierno, el primer elemento que explica la necesidad de La Moneda por un cambio de gabinete que le permita retomar la agenda.

La encuesta CEP del miércoles lo reiteró: la administración perdió 12 puntos en respaldo (de 37% pasó a 25%) y aumentó 11 en desaprobación (de 39 a 50%), desde octubre-noviembre a la fecha. Mucha caída para un gobierno que fue elegido con 54%, uno de los mayores porcentajes de votación desde 1990.

De los cuatro ministros que salieron —Valente, Santelices, Jiménez y Ampuero—, los dos primeros gozaban hace mucho de sobrevida política y eran serios candidatos a haber dejado el gabinete en agosto pasado, en el primer ajuste. Ya Piñera les había dado una segunda oportunidad. A Jiménez, su mal manejo de la crisis de los medidores inteligentes le terminó costando el cargo. El caso de Ampuero, sin embargo, probablemente representó la mayor dificultad para el presidente: su llegada a la cancillería fue una apuesta personal del mandatario, le tiene estima y comparten una mirada política. Pero aunque el escritor llevó adelante una agenda contundente —lo de Prosur fue su obra de mayor importancia—, tuvo deficiencias personales en la comunicación de su trabajo. Y para el presidente, como quedó en evidencia en la cuenta pública, las relaciones exteriores son un asunto fundamental.

De los que entran —Ribera, Jobet, Mañalich y Sichel—, sólo este último es un debutante. Piñera, como con el comité político, prefiere apostar por los círculos de confianza y no arriesgarse en los tiempos difíciles.

Fontaine, que pasa de Obras Públicas a Economía, tiene el desafío de marcar diferencias con su antecesor, que desde el comienzo tuvo problemas en la comunicación (en julio del 2018, en uno de sus errores más recordados, recomendó invertir fuera de Chile, por ejemplo). Para Moreno, ciertamente, moverse a Obras Públicas le viene bien, sobre todo porque se hace cargo de una cartera que tiene un plan para acelerar concesiones y obras públicas por 1,400 millones de dólares.

¿Es todo esto una buena noticia para la oposición? Si las elecciones fueran en una semana, ¿tendría chances de ganar La Moneda? Difícil.

Veremos.