EL GOBIERNO del presidente Obama aseguró el miércoles por la noche que su participación de tres meses en el conflicto libio no necesita autorización del Congreso debido al papel de apoyo que desempeña la mayoría de sus fuerzas en ese país. La posición asumida coloca al gobierno en ruta de confrontación con algunos líderes republicanos y con el ala antibélica de su propio partido.

El razonamiento de la Casa Blanca, incluido en un reporte de 32 páginas al Congreso, constituye la primera respuesta detallada del gobierno a las quejas de legisladores de ambos partidos, quienes afirman que el Presidente excedió su autoridad como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, al enviar tropas a Libia sin autorización del Congreso.

Antes de lo anticipado, el reporte fue difundido el mismo día en que un grupo bipartidista había presentado una demanda en una Corte federal contra el Mandatario, exigiendo el fin de la participación estadounidense en Libia y empujando así al centro del debate político una creciente confrontación sobre los poderes presidenciales en tiempos de guerra.

Lo que empezó como una queja por parte de jugadores menores en el inacabable juego partidista en el Congreso atrajo un número creciente de líderes legislativos conforme transcurrían las semanas de la operación en Libia, la que según el gobierno ha logrado avances significativos en el objetivo de echar al líder Muammar Gaddafi del poder. Al emitir el informe, la Casa Blanca cedió al unirse a un debate que mayormente había tratado de ignorar.

La exigencia de que Obama obtenga autorización del Congreso para continuar con la operación en Libia unificó las posturas de republicanos y demócratas liberales en la Cámara Baja.

Algunos legisladores plantearon el tema de la legalidad con la esperanza de detener la guerra por principios, pero otros aprovecharon el argumento como una crítica políticamente útil del liderazgo del Presidente.