El trabajador humanitario internacional Emmett Fitzgerald tiene que lograr que 20,000 personas pobres, que actualmente ocupan el espacio frente al Palacio Nacional, recojan sus lonas, latas, cubetas de plástico y alfombras sucias, con el fin de vaciar el campamento más bullicioso en Haití y volver a sus casas.

La difícil realidad es: ¿A qué casa? No hay suficiente dinero ni tiempo para construir las ciudades del futuro en Haití. Así que a las 4,641 familias que han estado viviendo durante los últimos dos años en el parque Champ de Mars en el centro de Puerto Príncipe se les darán 500 dólares a cada una para que regresen al mismo tipo de viviendas marginales en las que residían antes del terremoto.

En Haití, esto se considera una buena noticia. No estamos hablando de una casa. Estamos hablando de alquilar una habitación, espacio en el suelo, con un techo, acceso a agua, una cocina común, tal vez un baño , expuso Fitzgerald, coordinador del programa de la Organización Internacional para las Migraciones en Haití.

Si eso suena terrible, los residentes de Champ de Mars son los afortunados. Dada la magnitud de la crisis de la vivienda en combinación con la fatiga de los donantes y la falta de inversión, la promesa de la construcción de nuevas viviendas públicas para albergar a las personas sin hogar en Haití ha colisionado con la realidad. A la mayoría de las cerca de 135,000 familias que aún viven en alguno de los tantos campamentos no se le ofrecerá un arreglo de vivienda.

Algunos campamentos se formalizarán como barrios bajos permanentes.

Los desplazados en su mayoría tendrán que valerse por sí mismos.

¿Por qué no permitir a los residentes permanecer en el Champ de Mars? Debido a que las sobrepobladas chabolas de lona representan un potencial peligro a incendiarse y a desaparecer con el primer huracán, de acuerdo con el gobierno haitiano. No hay agua corriente ni electricidad. Hay otra razón también: El Champ de Mars es una vergüenza.

Dos años después del peor desastre urbano en el mundo en una generación, alrededor de 515,000 haitianos permanecen en 707 campamentos repartidos por la capital.

La población en los campamentos alcanzó un máximo de 1.5 millones en julio del 2010, más de 1 millón de personas han abandonado las ciudades de carpas.

La gran mayoría abandonados a su suerte, con poca o ninguna ayuda.