El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) visitó las instalaciones de El Economista el pasado martes. En exclusiva, habló sobre la política exterior de México, entre otros temas.

—El gobierno del presidente López Obrador carece de un discurso internacional; el presidente no viaja al exterior. ¿Qué le parece?

—He estado reunido con el canciller. Me ha parecido que tiene una visión profunda de Latinoamérica.

En el 2020, México tiene una cita muy importante al hacerse cargo de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Tendrá que expresar si lidera al menos un intento de recuperar los múltiples y casi todos fallidos procesos de integración latinoamericana.

—¿El viaje a México del presidente electo argentino, Alberto Fernández, en octubre marca una dirección geopolítica entre ambos países?

—Para Argentina, México es un país fundamental de liderazgo latinoamericano.

La impresión que tengo es que (México) puede empezar a jugar ese papel de liderazgo en Latinoamérica.

—México cedió ante EU al colocar un muro militar en la frontera con Guatemala, y con Venezuela ha sido aliado. ¿Es posible quedar bien con EU y Venezuela al mismo tiempo?

—Seré claro. Las estrategias de Trump y del Grupo de Lima son un fracaso sobre Venezuela.

—En los hechos, Maduro es autoritario: creó una asamblea a su modo para parchar la asamblea legítima, impidió la celebración del referéndum revocatorio y mantiene en la cárcel a presos políticos.

—Te adentras en un terreno difícil para ti, porque evidentemente estás hablando con alguien que ha sido testigo en todos y cada uno de los momentos desde el 2015.

La Asamblea Constituyente es una respuesta a la circunstancia vivida en el verano del 2017. La oposición tomó las calles como en el Maidán (de Ucrania); como las primaveras árabes que deseaban derrocar gobiernos; hubo 100 muertos.

—La oposición recabó las firmas suficientes para pedir el revocatorio, a pesar de las trampas de Maduro, al haber colocado registros en lugares remotos.

Pero es que el revocatorio tenía las condiciones legales para no aceptarlo, con la ley en la mano, por los plazos que requería.

Cataluña

—¿Qué sentimiento tiene al ver las escenas de violencia en Cataluña?

—Preocupación. Cataluña es el único problema serio, grave, que tiene España. El independentismo sabe que no tiene ninguna posibilidad de lograr ese paraíso de la independencia que ellos han diseñado, y, como bien sabemos, no hay más paraísos que los paraísos perdidos, como decía Borges.

—Siendo presidente, en el 2006, usted dijo que apoyaría el estatuto que aprobara el Parlamento catalán. Sin embargo, Alfonso Guerra (PSOE), junto al PP, lo cepilló.

—No te saltes los momentos. El estatuto que yo aprobé tuvo el respaldo, primero en el Parlamento de España, luego en el Parlamento de Cataluña, y luego en referéndum popular. Y luego el Tribunal Constitucional anuló unas partes determinadas del estatuto que ya había votado la gente.

—¿Estuvo de acuerdo con la sentencia del Tribunal Constitucional?

—Yo no estaba de acuerdo con esa sentencia y era presidente de gobierno. Pero yo quiero vivir en un país donde el presidente de gobierno no esté de acuerdo, incluso, con las sentencia más importantes.

El (tribunal) constituyente no estuvo muy atinado. Una vez que la gente vota, que un tribunal venga a decir “esto no, esto no” lógicamente plantea un conflicto. “Es un engaño y me hace usted votar, y luego viene un tribunal”.

Geopolítica

—¿Cuál es el estado de las relaciones entre España y América Latina?

—Las relaciones son fluidas y con un valor añadido que Latinoamérica da a España y que España puede dar a Latinoamérica.

Sin duda alguna, nuestro vínculo cultural-político-histórico hace que España sea un país con más poder que el que tendría por su tamaño y por su ubicación geográfica.

—¿Qué lecciones, si se pude hablar de esta manera, tiene Europa que darnos sobre el tema migratorio?

—Viví el tema migratorio como un problema fundamental en mi etapa de gobierno. En el 2006, se vivieron momentos muy difíciles en países africanos. Producían un número muy importante de migrantes hacia las costas españolas y nosotros hicimos una estrategia de cooperación.

Logramos reducir drásticamente la llegada de migrantes invirtiendo en África. Hicimos una red potente de escuelas-taller en Mali, Costa de Marfil y Senegal, para que los jóvenes tuvieran la mínima oportunidad.

—¿Qué antídotos existen para diluir los radicalismos por el bien del centro ideológico?

—Latinoamérica necesita un gran consenso socialdemócrata. Las élites tienen que asumir que no habrá estabilidad y en algún caso habrá riesgos serios si seguimos con las tasas de desigualdad y pobreza que hay, y eso significa abolir la pobreza y limitar la riqueza. Las sociedades contemporáneas no van a soportar riquezas exuberantes.

—Chile era un caso de éxito relativo hasta hace un mes.

—Se trata de la distribución de la riqueza. Lo que gana el trabajador medio, la precariedad, y luego hay una élite con una riqueza.

Sobre las protestas, el presidente Piñera ha reaccionado como en una guerra, y luego ha tenido que deshacer completamente su discurso y sus acciones.

A través de las redes sociales, los expertos le llaman conmoción social. Cuando en un video un soldado masacra a un chaval, la gente sale a las calles.

El toque de queda es un lenguaje bélico.

—¿Qué va a cambiar en el mundo con una creciente presencia de China en América Latina?

—Estados Unidos, con su mayoría conservadora, tiene la impresión de estar perdiendo la batalla por la hegemonía.