Bruselas trataba el miércoles 25 de noviembre de volver a la normalidad, pese a que se mantiene el nivel máximo de alerta terrorista, con la reapertura de sus líneas de metro y de las escuelas bajo estrecha vigilancia policial.

"Había decidido no llevar a mis hijos al colegio esta mañana, pero cambié de opinión ayer por la noche durante la cena. La vida continúa", confió un padre de 47 años mientras llevaba a sus dos hijos a la escuela.

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"Uno de mis hijos me dijo que no quería que le dispararan, pero le dije que había militares para protegerlo, que no pasaría nada", dijo, un poco intranquilo.

Las autoridades decidieron mantener la alerta de ataques terroristas en su máximo nivel en Bruselas hasta el próximo lunes 30 de noviembre, considerando que la amenaza era "seria e inminente", pero optaron por reabrir las escuelas, cerradas el lunes 23 y martes24 de noviembre, y, progresivamente, la red de metro, cerrada desde el sábado 21 de noviembre.

El ministro de Interior, Jan Jambon, precisó que las importantes operaciones policiales del domingo fueron lanzadas por "indicaciones de que habría atentados el domingo por la noche".

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"No se produjeron", añadió, a pesar de que la búsqueda de varios sospechosos continúa.

Unos 300 policías adicionales, enviados del resto del reino, fueron movilizados para proteger las escuelas de Bruselas, además de los que ya están desplegados en la capital. La policía no quiso comunicar cuántos uniformados están desplegados.

Delante del liceo francés de Bruselas, situado en un barrio distinguido del sur de la capital, soldados armados montan guardia durante la llegada de más de 2,000 alumnos.

"No estamos para nada tranquilos", dicen Karol y Candice, que acaban de dejar a sus hijos escolarizados en la escuela primaria de este establecimiento.

Como muchos otros, se preguntan: ¿Por qué las escuelas están abiertas este miércoles 25 de noviembre cuando estuvieron cerradas el lunes 23 y martes24 de noviembre, y esto cuando el nivel de amenaza se mantiene en su máximo?

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Karol y Candice decidieron en todo caso comprar teléfonos celulares para sus hijos "para permanecer en contacto" durante el día.

Nadia, madre de un niño de 11 años y de una niña de 9, dejó a sus hijos en una pequeña escuela comunal de Haren, un barrio alejado del norte de Bruselas. "Estamos tranquilos, pero miramos alrededor. Todo el mundo es sospechoso. Nosotros, los musulmanes, también somos un objetivo", dijo.

"Tuve pesadillas toda la noche", reconoce Fatima, madre de una niña también escolarizada en el jardín de infantes.

En la guardería De Kollebloem, en una calle tranquila a un kilómetro de la Comisión Europea, la dirección envió un mensaje para sosegar a los padres.

"La guardería tiene un plan de urgencia (en caso de ataque) y con ese objetivo hay una cooperación estrecha con la policía local" que "tendrá una vigilancia adicional y regular" del lugar.

En las calles de Bruselas, el flujo de vehículos se reanudó este miércoles, provocando el regreso de los tradicionales embotellamientos.

El metro, cerrado desde el sábado, volvió a funcionar esta mañana, pero sólo algunas líneas, y cerrará a las 22:00 (hora local) en vez de medianoche.

"Keep calm and carry on" (Conserve su calma y continúe) escribió en su portada el diario La Libre Belgique, recuperando para la situación el lema del gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial.

La compañía de buses De Lijn decidió no obstante otorgar un "bonus" de 50 euros brutos por día a los conductores que acepten los trayectos que unen la capital belga desde los suburbios flamencos "mientras se mantenga el nivel de amenaza máximo", explicó la portavoz de la empresa a la AFP.

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