Berlín. Angela Merkel expresó este jueves claramente sus desacuerdos con Viktor Orban sobre la cuestión migratoria, defendiendo un deber “de humanidad”, en un momento en el que se la acusa de haber cedido ante quienes defendían una línea dura en Europa.

“Vamos a proteger nuestras fronteras exteriores” en la Unión Europea (UE), “pero no con el objetivo de encerrarnos y de no hablar de otra cosa que del cierre y de una especie de fortaleza”, declaró la jefa del gobierno alemán ante la prensa al recibir a su homólogo húngaro por primera vez en tres años. También mencionó las “divergencias” sobre esta cuestión con Orban.

“La humanidad es el alma de Europa y, si queremos conservarla (...), Europa no puede simplemente alejarse de la angustia y el sufrimiento”, atrincherándose en una “fortaleza”, añadió Merkel.

Se dirigía así tanto a Orban, presente a su lado y con quien se ha enfrentado en varias ocasiones desde el 2015 por los migrantes, como a quienes la acusan en la actualidad de haber renunciado definitivamente a su generosa política de acogida de refugiados y de haberse visto obligada a aliarse a las posiciones de los partidarios de la firmeza en Europa.

A Viktor Orban no le gustó nada la lección. “Pensamos que ayudamos de forma humanitaria al no hacer un efecto llamada” migratorio, afirmó.

Para el primer ministro húngaro, “la única solución” es “cerrar las fronteras y no hacer entrar a quienes traen el mal” a Europa. “No queremos importar problemas”, añadió dirigiéndose a la canciller.

También invitó a Berlín a reconocer más el papel de Hungría, que vigila estrictamente su frontera meridional con Croacia y Serbia, ya que “de otra manera, cada día llegarían a Alemania entre 4,000 y 5,000 refugiados”.

Los dos dirigentes han encarnado durante mucho tiempo a nivel europeo los polos opuestos en materia de política de asilo: por un lado, voluntad de acoger y, de otro, rechazo frontal a la inmigración, en nombre de los valores cristianos de Europa.