Washington. No se puede negar: se ha venido desarrollando mala sangre entre el gobierno de Obama y las grandes empresas, y eso no es bueno.

A los grandes empresarios y ejecutivos corporativos les de­sagrada la incertidumbre generada por la reforma a servicios de salud, la regulación financiera y la paralización política sobre cambio climático e inmigración.

Escuchan la retórica de críticas dirigidas al sector asegurador de salud, a Wall Street y a las petroleras. Perciben una nueva oleada de regulación que se dirige hacia ellos luego de años de dictar sus propias reglas. Saben que la tarea de equilibrar el presupuesto significará más impuestos.

Todo ello es cierto, y llega en pésimo momento para la economía. La confianza en las grandes empresas ha caído casi a niveles de un dígito, por lo que estos empresarios sienten que de repente la baraja política está acomodada en su contra.

Cuando los ciudadanos pierden confianza en las grandes empresas, los gobiernos las siguen , informó Jeff Immelt, ejecutivo en jefe de General Electric, en una carta a sus accionistas hace unos meses. Podemos encontrarnos en una especie de ‘ciclo oscuro’, en donde los que pueden lograr que la economía mejore son considerados sus peores enemigos. Así, el grito de guerra de la gente se convierte: ‘A ver, payasos, porqué no pueden simplemente generar más empleos’ .

No hay duda de que las empresas se están reprimiendo. En el momento actual, no saben qué hacer con las enormes cantidades de efectivo que tienen. La inversión corporativa como porcentaje de la producción económica está en su nivel más bajo en 40 años.

Sabemos que los mercados financieros ya están en guardia contra el riesgo, listos para castigar a cualquier empresa que invierte en un crecimiento de largo plazo que pudiera impactar las utilidades de corto plazo. Durante los años de burbujas, las empresas malgastaron su dinero en recompras de acciones, costosas adquisiciones y sueldos exóticos. Podrían haber usado ese dinero en desarrollar nuevos productos y mercados.

Obama no se ha enfrentado aún más con el sector privado, porque sabe de historia. Recuerda que a otros cuatro demócratas -Roosevelt, Truman, Kennedy y Clinton-no les fue muy bien.

Tras el estéril enfrentamiento de hoy que de continuar culminará en que todos pierdan, lo único que resta es que ambos bandos encuentren un terreno común.