¿Podría ser que Mitt Romney esté en lo correcto desde un punto de vista estratégico para decirnos un poco acerca de qué es lo que haría como Presidente?

Hay, por supuesto, excelentes razones cívicas para que un candidato diga hacia dónde llevaría al país. Pero en estos momentos, el encarnizado debate en los círculos republicanos se trata de política, no de civismo. Los conservadores, entre ellos los editores de la canónica página editorial de The Wall Street Journal, le dicen a Romney que su personal de estrecho criterio y su estrategia (...) desperdician poco a poco una oportunidad histórica . En la revista conservadora, Weekly Standard, William Kristol, reprendió: ¿Es mucho pedir a Mitt Romney que deje de usar el piloto automático y realmente piense en la carrera que está corriendo?

Hay razones para tal escepticismo. Esta semana, una encuesta del Washington Post y ABC News encontró a la carrera estancada en un empate, pero le dio al presidente Obama una ventaja de 12 puntos entre los votantes registrados. Luego de varios meses de cifras decepcionantes sobre el empleo, Romney está detrás de Obama en otras encuestas nacionales y tiende a retrasarse en los estados indecisos.

Estoy lejos de ponerme en el camino de las disputas intestinas republicanas, pero los críticos de Romney dentro del Partido Republicano se equivocan al ver su enfoque superfluo como su problema principal. Sus dificultades están en otra parte. La mejor razón que he escuchado en defensa de la actual estrategia de Romney vino del exrepresentante Vin Weber, un asesor de Romney que indicó que la primera pregunta que deben responder los votantes en una carrera por la reelección es si existe una razón de peso para quitar al titular de la oficina .

Debe haber una acusación más grande sobre titular del Ejecutivo antes de que el país decida remplazarlo , argumentó Weber.­ Sólo cuando una mayoría haya llegado a esta decisión, un retador puede presentarse como una alternativa plausible. Sólo entonces el país escuchará.

Visto de esta manera, hasta el momento, el incansable enfoque negativo de la campaña de Romney (que se resume en el eslogan favorito del principal asesor, Stuart Stevens, Obama no funciona ) es el primer paso hacia la apertura del electorado a la idea de un cambio en el liderazgo.

Por otra parte, los que invitan a Romney a ser más específico tienden a ser acérrimos conservadores que están absolutamente convencidos de que el país respondería a una agenda de centro-derecha. Permiten que sus compromisos filosóficos nublen su juicio político.

La estrategia de recuperación económica de Romney tiene sus raíces en las mismas viejas ideas conservadoras que merodeado por más de 30 años: reducir los impuestos a los ricos y la desregulación económica. Estos remedios son muy populares con la base republicana -en particular entre los donantes muy ricos-, pero no con los votantes indecisos.

A los conservadores siempre les gusta apuntar a Ronald Reagan por haber hecho una campaña alta en principios en 1980. Pero la línea más efectiva de Reagan fue la decidida pregunta no-ideológica: ¿Está usted mejor de lo que estuvo hace cuatro años?