Líder de un imperio de negocios y ahora presidente de Estados Unidos: al combinar esos dos roles, el millonario Donald Trump deberá enfrentar conflictos de interés en una escala sin precedentes en la historia política del país.

El empresario que el martes 8 de noviembre se convirtió en el futuro presidente estadounidense hizo su fortuna al construir una red de hoteles, edificios de empresas y apartamentos de lujo al frente de la Organización Trump.

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Su imperio de bienes raíces está ubicado fundamentalmente en Estados Unidos, pero también se extiende países como Corea del Sur y Turquía. Por ello, administrar como presidente las relaciones políticas con esos dos aliados de Estados Unidos presenta una curiosa mezcla de objetivos cruzados.

La Organización Trump no negocia acciones en la bolsa de valores, y por lo tanto la mayoría de sus actividades está vedada a auditoría.

Sin embargo, la prensa estadounidense ha reportado relaciones financieras con personas próximas al presidente de Rusia, Vladimir Putin.

"Para que quede registrado, tengo CERO inversiones en Rusia", expresó Trump en la red social Twitter en julio pasado.

Pero el potencial de conflictos de interés con sus negocios no se limitan para Trump a países como Rusia. De acuerdo con el diario Wall Street Journal, desde 1998 Trump ya ha recibido alrededor de 2,500 millones de dólares del Deutsche Bank.

En la actualidad, reguladores estadounidenses están en negociaciones con ese banco alemán por la aplicación de una multimillonaria multa a raíz de su papel en la crisis financiera de 2008.

Así, esta situación genera cuestionamientos sobre cómo reaccionará la administración de Trump si hereda el caso, o si los intereses comerciales del nuevo presidente serán considerados en la ecuación.

Sin precedentes

Las acusaciones por conflicto de intereses no son una cosa nueva en la política estadounidense.

Estas denuncias mancharon el gobierno de George W Bush, cuyo vicepresidente Dick Cheney, hasta el año 2000, había sido líder de la empresa de logística y servicios petroleros Halliburton, firma que más tarde ganaría fortunas con contratos en Irak.

Pero el problema toma otra dimensión con Trump, ya que su nombre está indisolublemente ligado a su imperio de negocios.

"No tiene precedentes en la historia de Estados Unidos en parte porque no sabemos la naturaleza de muchos nudos financieros", dijo a AFP Kathleen Clark, profesora de derecho en la Universidad Washington, de Saint Louis.

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En su visión, un punto particularmente crítico en el conflicto ético es que Trump financió su empresa mediante deudas.

"No sabemos a quién le debe dinero. En alguna forma, deber dinero es un contacto financiero mucho más significativo que una inversión", apuntó.

Hasta el momento Trump no se ha referido a sus potenciales conflictos de interés.

En parte quizá porque pocos creían que podía terminar en el Salón Oval de la Casa Blanca, pero también quizá porque las leyes estadounidenses en esta materia son flexibles cuando se refieren al presidente.

Apartarse de los negocios

Bajo la normativa vigente los miembros no electos de la administración estadounidense enfrentan severas restricciones en sus actividades de negocios, esas reglas no se aplican al presidente ni al vicepresidente.

Aunque la Constitución prohíbe a cualquier político aceptar fondos de un gobierno extranjero, no existe cualquier prohibición a hacer negocios con asociados privados en el extranjero.

Durante la campaña electoral Trump prometió poner todos sus negocios en un "trust" que le impediría tener cualquier relación con las actividades de sus empresas.

Sin embargo, añadió que pondría el imperio bajo control de sus tres hijos, que ya son vicepresidentes ejecutivos de la Organización Trump.

¿Pero será eso suficiente realmente para separar al presidente Trump de su imperio de negocios?

"No vamos a discutir esas cosas. Créanme. Como saben, es un empleo a tiempo completo. Él no precisará preocuparse por los negocios", dijo su hijo Donald Trump Jr. en septiembre, en plena campaña electoral.

Otro ex presidente utilizó la misma estrategia. Después de su elección en 1994 como jefe del gobierno italiano, Silvio Berlusconi confió la administración de su imperio de medios de comunicación a un trust bajo control de su familia. Pero no logró evitar críticas por conflictos de interés.

Donald Trump, ¿un Berlusconi estadounidense?

Dos multimillonarios, mujeriegos, sin experiencia política antes de acceder al poder: vistos desde Italia, los perfiles de Donald Trump y Silvio Berlusconi presentan muchas similitudes, pero con matices.

"Ya vimos a un Donald Trump. Se llamaba Silvio Berlusconi", escribió hace unos días el historiador británico John Foot en las columnas del diario The Guardian.

En su artículo, este especialista de la historia italiana pasó en revista los puntos comunes entre el nuevo presidente de Estados Unidos, de 70 años de edad, y el ex jefe de gobierno italiano, diez años mayor.

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De la revisión de sus respectivos inventarios aparece que ambos hicieron fortuna en los negocios, que ambos tuvieron problemas con la administración fiscal -una condena por fraude, en 2013, terminó con la carrera de Berlusconi- y que fueron protagonistas de escándalos relacionados con las mujeres.

Algunos observadores subrayan también su cercanía con el presidente ruso, Vladimir Putin.

"Son patrones de imperios inmobiliarios o mediáticos que piensan que un país puede ser dirigido como una empresa", dijo a la AFP el universitario italiano Michele Sorice, profesor de comunicación política.

Los electores los siguieron al considerar que en ambos casos una personalidad del mundo de negocios, fuera del establecimiento político, es la única capaz de recuperar al país, frente a una clase política corrompida en Italia, o "desconectada de la realidad" en Estados Unidos.

"Ambos también son populistas que se dicen del lado del pueblo y contra una élite compuesta de intelectuales y periodistas, estrategia que hizo posible a Silvio Berlusconi acceder por primera vez a la presidencia del consejo italiano, en 1994", agregó Sorice.

Para la revista inglesa The Economist, Silvio Berlusconi como Donald Trump "se benefició de importantes apoyos de la extrema derecha provenientes del ex partido neo-fascista y de la Liga del Norte, movimiento inicialmente moderado pero que se volvió xenófobo y proteccionista a partir de los años de 1990".

En un artículo aparecido el jueves, donde se evocan sus "enormes y legendarios egos", el semanario subraya "el gusto pronunciado de ambos por los chistes de vestiario, al mismo tiempo que proclamaban su amor por las mujeres, a las que solo juzgan por su físico".

Trumpusconi

En las redes sociales, los paralelos entre las personalidades exuberantes y el lenguaje "cercano al pueblo" de ambos dirigentes proliferaron a lo largo de la campaña estadounidense. Y la palabra clave #Trumpusconi es con frecuencia usada desde el anuncio, el martes, de la victoria de Donald Trump.

"He llegado a comparar Trump a Berlusconi pero preferiría por mucho tener a Berlusconi por presidente", twiteó un estadounidense.

"Se burlaban de nosotros con nuestras pizzas, la mafia y Berlusconi, ahora es nuestro turno con McDonald y Trump", escribió un internauta transalpino.

En una cuenta Facebook, bajo el título "Bienvenue a la Berlusconi Experience", italianos enviaron un video que hace una recapitulacion de las metidas de pata del ex líder de Forza Italia comparándolas a las del próximo habitante de la Casa Blanca.

En la lista figuran chistes sexistas, incidentes diplomáticos, mala imagen a nivel internacional; "la única diferencia es que Trump tiene el arma nuclear", precisó.

Pero no es la única diferencia, dice Michele Sorice.

Aunque ambos dirigentes se consideran como self-made-men, "Trump se benefició de la fortuna de su padre en sus inicios, lo que no fue el caso de Silvio Berlusconi, quien empezó con pequeños trabajitos", añade.

Durante su campaña, el ex candidato republicano reconoció que su padre le prestó un millón de dólares para lanzarse en los negocioos. Él considera ahora que su fortuna alcanza ya mil veces más de ese primer millón, pero la revista Forbes dice que no supera los 5.000 millones de dólares.

Berlusconi relata que fue fotógrafo durante ceremonias o cantante en una orquesta que se presentaba en barcos cruceros.

Otra diferencia notable entre ambos es que Donald Trump no tiene un imperio mediático mientras que Berlusconi era dueño de todas las cadenas nacionales de televisión privada cuando llegó a la política. Una posición que habría favorecido su ascenso.

En ese campo Donald Trump se limitó a animar durante diez años el programa de telerealidad "The Apprentice", que contribuyó ampliamente a su fama.

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