De todo lo que Emmanuel Macron ha logrado en casi un año como presidente de Francia, lo más importante quizás sea la amistad que tiene con Donald Trump.

Desde la primera vez que se dieron un apretón de manos hasta hace poco, cuando Macron dijo que él persuadió a Trump de que bombardeara Siria, su relación tenía pocas probabilidades de sobrevivir. Y será expuesta con toda su pompa a partir de hoy cuando Macron vaya a Washington en una visita de estado, la primera de un líder desde que Trump asumió la Presidencia.

La agenda está clara para ambas partes: el comercio, el cambio climático, Rusia y Corea del Norte. Pero ningún problema se avecina más grande que Irán y el acuerdo nuclear que Estados Unidos y otros cinco países firmaron con Teherán en el 2015.

Dentro de tres semanas, Trump debe tomar una decisión sobre este pacto, que había prometido “romper” durante su campaña electoral, y que fue fruto de largos años de negociaciones internacionales con el objetivo de impedir que Irán se dotara del arma atómica.

La Presidencia francesa, que considera esencial preservar el pacto, se declara “extremadamente prudente” sobre las posibilidades de convencer a Trump, ya que “las señales no son alentadoras”.

El ministro iraní de Relaciones Exteriores, Mohamad Javad Zarif, dijo a periodistas en Nueva York que Irán no busca obtener una bomba nuclear, pero que la “probable” respuesta de Teherán a una salida de Washington del acuerdo sería retomar la producción de uranio enriquecido.

Otro de los temas que Macron abordará es la exención de aranceles aduaneros sobre el acero y el aluminio para los países de la UE que expira el 1 de mayo.

El mandatario francés tiene mucho que ganar durante su visita de tres días. Quiere solidificar su imagen como el rostro de la Europa actual y defensor número uno del orden mundial liberal, al mismo tiempo que probar que Francia es esencial para resolver los problemas mundiales como las ambiciones nucleares de Irán y las guerras de comercio internacional.

Su meta podrá sonar como presunción francesa o idealismo, pero son consecuentes con la estrategia mundial de “Francia está de regreso” que Macron ha establecido para su período.