Greenville. Algunas semanas antes de que ocurriera el ataque contra mexicanos en El Paso, el discurso que dio el presidente Trump en Greenville resonó no sólo en esta pequeña ciudad de Carolina del Norte, el eco llegó a todo el país.

Samar Badwan, residente de Greenville, observó ese día a 8,000 personas en un estadio de baloncesto brindando una serenata al presidente con el cántico: “Envíalas de regreso”, en relación con las congresistas demócratas negras y/o afroamericanas.

“Como decimos en el sur, (Trump) está revolviendo la olla”, recuerda Badwan haber pensado. “Y ese es un juego muy peligroso. La gente está escuchando”.

La visita de Trump y las consignas que a él le robaron sonrisas, continúan asentadas en las calles un mes después de haberlas escuchado, especialmente para aquellos, como Badwan, que se ven a sí mismos como objetivos de una campaña de Trump para agitar la xenofobia y el odio.

La palabra “invasión” de inmigrantes y, en particular, el número de veces que fue utilizada por el criminal de El Paso en un manifiesto donde aclara su odio hacia los hispanos tienen una resonancia particularmente ominosa: el discurso de Trump se convirtió en preludio del ataque en el que murieron 22 personas.

“En mi corazón sabía cuál sería su mensaje” (de Trump), dijo Badwan durante la entrevista en un Starbucks local. “No sabía hasta qué punto afectaría a nuestro pequeño pueblo”.

Antes de ese día, Badwan nunca había tenido que preguntarse si su hijab sería incompatible con su acento sureño, hasta que llegó Trump a Greenville. Badwan lleva viviendo 30 años en EU y es de origen palestino.

No se olvida lo que dijo Trump: “Envíalas de regreso”. Que se vayan del país.