Lima. Un canadiense de 41 años fue linchado en una aldea remota de la Amazonia peruana.

Sebastian Paul Woodroffe fue ahorcado y arrastrado el jueves poco después del asesinato de la curandera tradicional Olivia Arévalo, de 81 años, en la comunidad Victoria Gracia donde viven peruanos de la etnia Shipibo-Konibo, ubicada en el distrito de Yarinacocha, en el noreste del país.

Imágenes difundidas por medios locales mostraban a un hombre de pantalón corto y camiseta de manga larga sentado en el suelo fangoso mientras pedía clemencia, al tiempo que otros hombres le ataban una cuerda al cuello y lo arrastraban varios metros. Luego el individuo quedó inmóvil en el piso.

Los fiscales investigan si el linchamiento del canadiense está vinculado al asesinato a tiros de Arévalo ocurrido también el jueves en la misma comunidad pocas horas antes. El cadáver de Woodroffe fue enterrado y la policía lo exhumó el sábado en una zona alejada de Victoria Gracia.

La víspera, el Ministerio del Interior informó en un comunicado que envió un equipo de investigadores de homicidios para esclarecer los crímenes.

La muerte de Arévalo había desatado la indignación en Perú después de otros asesinatos sin resolver de activistas indígenas que habían enfrentado amenazas de muerte en reiteradas ocasiones en relación con los esfuerzos para impedir el acceso de leñadores ilegales y productores de aceite de palma a sus tierras nativas.

En Perú han ocurrido algunos linchamientos, sobre todo en zonas remotas donde las autoridades demoran en llegar para esclarecer diversos delitos. En el 2015, un comerciante fue quemado vivo en la región sureste de Puno acusado de ser un ladrón. Después de su muerte, se comprobó que era inocente.