La fila de mexicanos que esperan ir de compras a Arizona da dos vueltas a una plaza soleada. Cerca de allí, varios políticos colocan pegatinas en vehículos con leyendas que plantean un boicot a ese estado sureño de Estados Unidos.

Y los inmigrantes indocumentados -el blanco de una nueva e intransigente ley de Arizona- lo consideran un obstáculo más, menor si se compara con las extorsiones, las detenciones y los secuestros a los que se arriesgan para llegar a suelo estadounidense. Aseguran que seguirán cruzando la frontera.

La ley de Arizona, que muchos mexicanos consideran racista, ha generado un gran resentimiento. Pero el ir y venir por la frontera entre los dos países es algo tan intrínseco a sus vidas que para muchos mexicanos resulta difícil dejar de cruzar pese a los llamados de activistas a un boicot de Arizona.

``Las ciudades fronterizas dependen una de la otra y ha sido así por muchos años'', dijo María Romero, una enfermera de Nogales, ciudad al otro lado de la localidad homónima en Arizona. ``Parece que no entienden que en el otro lado siempre están buscando formas de hacer las cosas más difíciles''.

Hay pocas señales de que la ley haya disuadido a mexicanos de cruzar hacia Arizona, legalmente o no. La espera para cruzar en vehículo la frontera es de más de dos horas.

La legislación firmada por la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, la semana pasada estipula que la policía local y estatal que detenga a personas por cualquier otra razón las interrogue sobre su condición de inmigración si hay motivo para sospechar que están en el país ilegalmente. Los sospechosos serán detenidos si no portan los documentos apropiados.

Los simpatizantes de la ley dicen que es necesaria porque el gobierno federal no garantiza la seguridad en la frontera y debido a una mayor ansiedad sobre la delincuencia.

La medida ha provocado enormes protestas en Estados Unidos de sectores que dicen que alentará el racismo.

Algunas autoridades mexicanas advierten que un boicot económico a Arizona podría ser contraproducente si las compañías en ese estado despiden a trabajadores mexicanos, quienes dejarían de enviar remesas a sus familias.

Para muchos de los miles de mexicanos que viajan legalmente a Arizona a diario para ir de compras o visitar familiares, el costo de no ir es demasiado alto, por más que la ley no les guste nada.

Al menos 23,400 puestos de trabajo de Arizona dependen de los más de US7.3 millones que gastan los visitantes mexicanos todos los días en negocios, restaurantes, hoteles y demás, según un estudio de la Universidad de Arizona encargado por la Oficina de Turismo del estado.

En el condado de Santa Cruz, donde se encuentra Nogales, los visitantes mexicanos representan el 50% de las ventas que pagan impuestos, de acuerdo con el estudio.

El Instituto de los Mexicanos en el Exterior, organismo gubernamental autónomo que apoya a los mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos, propuso un boicot de la aerolínea US Airways --cuya sede central se encuentra en Arizona--, del equipo de béisbol Diamondbacks y del Phoenix Suns de la NBA si no condenan la ley.

Legisladores mexicanos de todas las tendencias pidieron al gobierno del presidente Felipe Calderón que rompa los lazos comerciales con Arizona. El gobierno mexicano emitió un alerta de viaje, según el cual los mexicanos que vayan a Arizona se encontrarán un ambiente político adverso.

Un grupo de políticos entregó a personas que iban a cruzar la frontera carteles adhesivos que exhortaban a los mexicanos a no comprar productos de Arizona.

``No compro productos de gente que discrimina'', decía un cartel.

El movimiento en pro de un boicot, sin embargo, todavía no gana fuerza, pues hay sentimientos encontrados.

/doch