Su padre mexicano la había criado para cumplir con la ley. Su madre guatemalteca le dijo que estaba loca por ir a Estados Unidos. Maritza Solano, sentada sobre el suelo de mármol frío, de las oficinas Hart Senate, permanece envuelta con  una manta de aluminio en solidaridad con los niños inmigrantes detenidos. Algo más, Maritza está a punto de ser detenida por manifestarse junto a unas 500 mujeres.

Solano, una exprofesora de Silver Spring, nunca se había arriesgado a ser arrestada como activista, pero el mes pasado, horrorizada por las historias y las imágenes de la frontera, se sintió especialmente enojada e impotente. El momento, se dio cuenta, requería una respuesta contundente.

Así comenzó un verano estadounidense loco en la capital del país. Con un presidente que viola la ley; niños inmigrantes que lloran por sus madres; un asiento de la Corte Suprema, abierto como una herida; una elección de mitad de periodo precipitándose como un ángel vengador o un asteroide asesino. La resistencia se prepara para la guerra.

Todos a protestar en las calles

Los estadounidenses están haciendo cosas que normalmente no harían.

“He llegado al punto de la desesperación”, dice la estratega de campaña Amanda Werner, residente de DC. “Hemos sido cívicos y hemos tenido debates interminables y todo lo que hemos visto es la destrucción de todo lo que nos importa”.

Hace dos semanas, Werner recibió un mensaje de texto mientras se dirigía a una reunión de un club de lectura en Dupont Circle: “La secretaria de Seguridad Nacional, Nielsen, está cenando en el restaurante MXDC. ¿Puedes tuitear en tu cuenta? Consigue activistas y llevalos ahí”.

En un momento que fue captado por un video que se volvió viral, Werner y una docena de activistas interrumpieron a la secretaria Kirstjen Nielsen en el lujoso restaurante mexicano ubicado a 300 metros de la Casa Blanca. En el video se podía escuchar a niños inmigrantes que lloraban mientras los comensales trataban de disfrutar de sus platillos. La gerencia les pidió que se retiraran y llamó a la policía. Un miembro de los meseros, una mujer hispana, se metió en la cocina durante 15 minutos porque la escena era demasiado incómoda para soportarla.

“Creo que ahora es el momento de empezar a buscarlos e invadir sus espacios”, dijo Werner sobre los funcionarios del gobierno, “tienen que lidiar con lo que están haciendo”.

Las señales de advertencia se han convertido en alarmas y se ha abierto un debate de confrontación directa con funcionarios..

El miércoles, el hijo del conspirador de Watergate, Jeb Magruder, llamó al programa de radio WAMU 1A para hablar sobre cómo, después del escándalo, su familia fue agredida física y verbalmente en la escuela, restaurantes y eventos deportivos.

El público fue “invitando a creer que esas acciones eran apropiadas”, dijo Justin Magruder a los oyentes. “Todo lo que provocó fue que endureciéramos nuestras posturas. Espero que la gente aprenda de los errores del pasado”.

Sin embargo, para los miembros de esa resistencia, los errores del pasado son los que se intentan no repetir. Una urgencia moral es optar por una agudización de las tácticas de activismo, para desplegar el eslogan “nunca más”.

Fiebre creciente

Inspirada en la confrontación de MXDC, Jesse Rabinowitz ayudó a organizar una pequeña manifestación la semana pasada frente a la construcción de condominios en DC que encabeza Stephen Miller, asesor de Trump detrás de las políticas de inmigración de línea dura. Sabían que Miller estaba en Carolina del Sur con el presidente. No importaba, Rabinowitz quería recordarles a los vecinos de Miller que están viviendo al lado de “un hombre peligroso” y que tenían una “obligación moral” para confrontarlo.

Al llegar a casa después del supermercado, Valerie Ploumpis estaba feliz por lo que veía afuera de su casa: enojo y hartazgo.

“Tengo 56 años, soy una persona educada, soy una persona de DC, tengo opiniones políticas muy fuertes y soy un demócrata progresista, pero nunca antes había confrontado a funcionarios”, relata Ploumpis, directora de política nacional de Equality California, una organización de derechos LGBT. “Simplemente creo que esta administración literalmente está desmantelando nuestras instituciones democráticas. No creo que sea apropiado verlo guardar silencio”.

Ploumpis tomó algunos de los volantes de los activistas, incluido un póster que dice: “Se busca”, junto a una foto de Miller y con la leyenda: “nacionalista blanco”. Mismo que pegó en un elevador. Cuando fueron eliminados, ella pegó más.

El capítulo en DC de los socialistas democráticos se ha intensificado afuera de las casas privadas de personajes partidarios de la política de tolerancia cero impuesta por el gobierno de Donald Trump y la separación de padres de sus niños en la frontera sur. El domingo, docenas de manifestantes gritaron: “No ICE, No KKK, No fascismo!”, afuera de la residencia en Virginia del recién retirado director del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Thomas Homan.

Madres han estado ocupando las oficinas de ICE y los centros de detención de Portland a Nueva York. El sábado, la jornada de movilización “Mantengan a las familias unida”s sumó más de 700 protestas en todo el país.

Desde Los Ángeles y Nueva York a McAllen, en Texas, decenas de miles salieron en rechazo a las políticas de mano dura del gobierno del presidente Donald Trump. Muchos iban vestidos de blanco y portaban pancartas en las que se leía “Las familias merecen estar unidas” y “¿Dónde están los niños?”.

Mientras miles manifestaban en la capital, el presidente se encontraba en su resort de golf en Bedminster, Nueva Jersey.

Las redes sociales son humanas.