Al presidente ruso, Vladimir Putin, le tomó menos de un día pisotear la advertencia del presidente Obama acerca de una intervención militar rusa en Ucrania.

El sábado, el presidente ruso orquestó una votación unánime en la que el Parlamento autorizó no sólo la invasión de la península de Crimea, donde ya están desplegadas miles de tropas rusas, sino de toda Ucrania.

Estados Unidos ahora enfrenta un abierto acto de agresión armada en el centro de Europa por un régimen ruso que manifiesta su intención de someter al presidente de EU y a sus aliados. Obama debe demostrar que ésa no puede ser la primera opción.

La primera respuesta de Obama el sábado implicó pasar 90 minutos en el teléfono con Putin. Según la Casa Blanca, el presidente ofreció al gobernante de Rusia formas pacíficas para perseguir sus intereses en Ucrania, incluido el envío de observadores internacionales para supervisar el tratamiento de personas de habla rusa y conversaciones mediadas internacionalmente con el gobierno ucraniano.

Es razonable ofrecer a Putin una forma de ahorro a la crisis que ha provocado. Pero Obama tiene que estar preparado para la posibilidad de que, tal como sucedió en su anterior invasión a Georgia, Putin ignore las condenas internacionales y continúe con su estrategia.

El presidente Obama no ha sido preciso sobre las consecuencias de la agresión rusa. En su declaración del sábado, habló sólo de la suspensión de la participación de EU en las reuniones de la próxima cumbre del G-8 en Sochi. Obama debería aclarar que su agresión afecta todos los aspectos de las relaciones de Rusia con Estados Unidos.

Dicha política sería comenzar con la cancelación de la asistencia de Obama en la cumbre y la suspensión de las conversaciones con Rusia sobre las cuestiones comerciales en Sochi. Obama debería convocar a una reunión de las siete democracias industriales que excluyen a Rusia. Putin debería entender que de ahora en adelante será un paria en el mundo democrático.

Obama debería dejar claro que ya no se reducirá la aplicación de sanciones a los líderes y a empresas cómplices en agresión o violaciones de los derechos humanos. Una lista extensa de funcionarios rusos, a quienes se les ha negado la visa y la congelación de activos que ha sido elaborada por el Departamento de Estado el año pasado, deberían ser aprobados de inmediato por la Casa Blanca. Los funcionarios rusos en la cadena de mando de la invasión de Ucrania, así como las compañías rusas y los bancos que operan en Crimea, deberían ser los próximos objetivos de las sanciones financieras.

La herramienta no militar más poderosa con la que Estados Unidos cuenta es la exclusión de su sistema bancario. Obama debería dejar claro que si Rusia no se retira de Ucrania, tendrá que exponerse a esta sanción, lo que podría hundir su sistema financiero. La economía de Rusia, a diferencia de la de la Unión Soviética, es muy dependiente del comercio y de la inversión occidental, así que debe quedar claro para el Kremlin que una invasión a Ucrania pondrá esa situación en riesgo.

Muchos en Occidente no creían que Vladimir Putin se atrevería a intentar una intervención militar en Ucrania, debido a las consecuencias potencialmente arriesgadas. El hecho de que el gobernante ruso se haya decidido muestra que él duda que los líderes occidentales vayan a responder con fuerza. Si él no se retira rápidamente, Estados Unidos debe demostrarle que estaba equivocado.