Montevideo. La irrupción del coronavirus ha crispado los nervios en los hacinados penales latinoamericanos, provocando fugas masivas, varios motines que dejaron más de 80 muertos y llevando a varios gobiernos a tomar la impopular medida de liberar a presos.

El incidente más letal ocurrió el fin de semana en una prisión en Guanare, en el centro de Venezuela, donde la restricción de visitas como medida sanitaria desencadenó un suceso que acabó con al menos 47 muertos y 75 heridos.

La precariedad de muchos penales hace que la alimentación de los reclusos dependa de lo que les llevan sus familiares.

La primera señal de alarma fue en Brasil el 16 de marzo y por la razón opuesta: la restricción de salidas temporales para evitar el ingreso del virus. Cerca de 1,400 presos se fugaron de varias prisiones de São Paulo; las autoridades lograron recapturar a unos 600.

La Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, manifestó su “profunda preocupación” por las condiciones de las cárceles en la región y “la rápida propagación de Covid-19”.