Durante los últimos nueve años George W. Bush se había mantenido fuera de la esfera de la política presidencial; se negó a criticar a su sucesor, Barack Obama, pero a cambio nunca lo respaldó.

Hasta este jueves, George W. Bush había decidido ignorar a Trump. Otros personajes republicanos vinculados a escenarios electorales como Mitt Romney no huyeron a la refriega de críticas.

Al presentarse como orador en un evento del Instituto George W. Bush en Nueva York, el expresidente no mencionó el nombre de Trump, pero a medida en que avanzaba en la lectura de su discurso, no quedó duda el nombre del destinatario de sus duras críticas. Por ejemplo:

  • “El fanatismo parece envalentonado. Nuestra política parece más vulnerable a las teorías de la conspiración”.
  • “Significa que la intolerancia y la supremacía blanca en cualquiera de sus manifestaciones es una blasfemia contra el credo americano”.
  • “La intimidación y los prejuicios en nuestra vida pública (...) dan permiso para que actúen la crueldad y el fanatismo”.
  • “La única forma de transmitir los valores cívicos es estar a la altura de ellos”.

No es casualidad, todas las citas se vinculan con el habitante del Despacho Oval. ¿Nacionalismo y nativismo? ¿Intolerancia y supremacía blanca? ¿Estar a la altura de  los valores cívicos?

El senador John McCain llamó mucho la atención por aludir al “nacionalismo espurio” durante un discurso esta semana. Pero los comentarios de Bush en realidad recuerdan a los que McCain pronunció en febrero en Alemania. Uno de ellos: Los fundadores de la conferencia de Múnich “se sentirán alarmados por una creciente desviación de valores universales hacia temas como el sectarismo y la raza”.