La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, afirmó el lunes que asume la responsabilidad por los problemas de seguridad en Libia previos al ataque que cobró la vida de cuatro estadounidenses el mes pasado.

Al hacerlo, aportó al ya considerable impacto que tiene el nombre Clinton en esta elección.

La declaración de Clinton importa políticamente debido a que los republicanos han estado en pie de guerra desde el ataque en Bengasí el 11 de septiembre, al destacar solicitudes de seguridad que no fueron satisfechas previo al asalto y la cambiante explicación -que primero llamó espontáneo y luego un acto de terror al ataque- por parte de la administración Obama.

Clinton dio un paso más allá -en la víspera del crucial debate presidencial- al responder acerca de las posibles fallas en la seguridad en Bengasí, en parte debido a la impresión de que el vicepresidente Biden dejó abierto el tema en su debate con Paul Ryan, la semana pasada.

Clinton aclaró que es el Departamento de Estado y, en última instancia, el Secretario de Estado, quien tiene la responsabilidad de lo que equivale en este caso a una decisión bastante rutinaria por parte del personal. Pero también asumió un peso político que parecía pasar del Departamento de Estado a la Casa Blanca.

En situaciones como la de Libia, no es raro que los diferentes organismos involucrados se cubran (a menudo anónimamente) culpando a otros. Pero en este caso, Clinton absorbió por completo la culpa.

Su decisión logra dos cosas. Primero, quita un poco de presión del Presidente y la desplaza al Departamento de Estado.

En segundo lugar, ahora, cuando los republicanos ataquen a la administración, también tendrán que ir en contra de Clinton, que es una postura política más arriesgada, ya que Clinton es posiblemente el miembro más popular del gabinete del Presidente.

En primavera, su índice de aprobación se situó en un notable 65%, en una encuesta de The Wa­shington Post y ABC News.