John Moore puede ser el personaje que haga perder las elecciones intermedias del Partido Republicano e, incluso, podría representar un obstáculo para las intenciones que tiene Donald Trump de reelegirse como presidente.

Moore es el fotógrafo de la agencia Getty Images que tomó una imagen estéticamente cruel de una niña hondureña de dos años llorando en la frontera de Estados Unidos y México.

No está claro si la niña fue finalmente separada de su madre, lo que sí supimos es que fue colocada sobre el sueño para que la policía pudiera registrar a la madre. Los detalles, sin embargo, no son importantes. La imagen, en efecto, representa el estilo de Trump: su política cruel, su corazón frío y su falta de empatía.

Una imagen vale más que mil palabras, dice el refrán. Pero esta vale 1 millón de tuits. Si hacemos un ejercicio histórico y buscamos algunas de las fotografías que representaron un antes y un después para ciertos políticos, podríamos pensar cuando el presidente George W. Bush observa desde una de las ventanas del Air Force One la devastación del huracán Katrina. Fue el propio presidente Bush quien reconoció años después, que la foto lo hizo parecer “distante e indiferente”.

Las huellas de Trump

Por supuesto que Trump no está cerca de la niña hondureña que llora; sin embargo, sus huellas digitales están por todos lados. Fue la aplicación severa de la ley la que está separando a niños de sus padres: “Tolerancia cero” fueron las suaves palabras del fiscal general Jeff Sessions al explicar el sentido de la aplicación de la ley, es decir, la amenaza de llevar a la cárcel a cualquier mayor de edad aun cuando vaya acompañado por niños. Sessions citó un versículo bíblico para maquillar la dureza de la decisión del presidente.

La imagen de Moore pertenece a una categoría muy especial: el dolor de los niños inocentes. Nos recuerda la fotografía que tomó Nick Ut para la agencia Associated Press: una niña vietnamita de nueve años, Phan Thi Kim Phuc, huyendo de un ataque con una bomba de napalm en 1972. La imagen resume el horror de esa guerra y el costo en vidas que se estaba cobrando.

Del mismo modo, la periodista turca Nilufer Demir logró captar la estética del dolor que sienten los refugiados sirios al captar a un niño de tres años Aylan Kurdi , sin vida, tumbado boca abajo en la playa de Bodrum, Turquía. Horas antes había muerto ahogado.

Seguramente habrá seguidores de Trump que le aplaudan después de ver la foto. La crueldad no tiene límites.