El entrenador de un equipo de futbol tailandés pasó la mañana del 23 de junio dando instrucciones a su joven asistente para cumplir con una tarea muy importante: cuidar a los chicos.

Esa mañana, Nopparat Khanthavong, el director técnico de 37 años del equipo de futbol Moo Pa (Jabalíes), tenía una cita. Ekapol Chanthawong, su asistente, llevaría a los chicos a una cancha de futbol enclavada junto a la cadena montañosa Doi Nang Non, una formación con varios saltos de agua y cuevas que se extiende en la frontera entre Tailandia y Myanmar.

“Cuando salgan a recorrer el lugar, asegúrate de andar en bicicleta detrás de ellos, para poder seguirlos con atención”, escribió en un mensaje de Facebook que compartió con The Washington Post.

Ekapol entrena a los chicos más jóvenes, por lo que Nopparat le dijo que llevara a algunos de los chicos del equipo más veteranos para que le ayudar a vigilar.

“Cuídate”, escribió en otro mensaje.

Las horas que siguieron las conoce todo el mundo: una dramática búsqueda que tardó nueve días y que concluyó de manera exitosa y feliz. La misma cantidad de días en los que los niños permanecieron hacinados en una pequeña elevación de tierra enlodada y rodeada por la crecida de agua que terminó por inundar la cueva Tham Luang. El único adulto atrapado con los menores, el ex monje novicio Ekapol, de 25 años, fue un personaje central en la historia dramática.

Los esfuerzos para rescatar a los niños involucraron a un equipo que fue creciendo conforme pasaban las horas, y fue integrado por buceadores, ingenieros, personal militar y voluntarios de todo el mundo, incluyendo al fundador de Tesla y SpaceX, Elon Musk.

Hay distintas opiniones sobre la decisión que tomó Ekapol, que ingresó el 30 de junio a la cueva con los niños.

Algunos lo responsabilizan por haber hecho ingresar a los niños a la cueva, en una época del año poco recomendable. Incluso, un letrero a la entrada de la misma, lo advierte. Estos crítico concluyen que Ekapol debería haberlo sabido.

Dudas sobre el comportamiento de Ekapol

Pero para muchas personas de Tailandia, Ekapol, que abandonó su vida monástica hace tres años y poco tiempo después se incorporó a los Jabalíes como asistente del cuerpo técnico, es casi una fuerza divina que fue enviada para proteger a los niños durante el calvario que vivieron.

En una fotografía que se viralizó, puede verse a Ekapol sentado en posición de loto, como hacen los monjes cuando meditan, con 12 pequeños jabalíes en sus brazos.

Según los oficiales del rescate, Ekapol era uno de los más débiles del grupo, en parte, porque en los primeros días les dio a los chicos la ración de comida y de agua que llevaba consigo. También les enseñó a los chicos a meditar y a conservar la mayor cantidad de energía hasta que los encontraran.

“Si Ekapol no hubiera ido con ellos, ¿qué le habría pasado a mi hijo?”, dijo en una entrevista con un canal de televisión tailandés la madre de Pornchai Khamluang, uno de los niños que permaneció atrapado en la cueva. “Cuando salga, tendremos que ayudarlo a sanar su corazón. Querido Ek, yo nunca te culparía”.

Según sus amigos, Ekapol es un huérfano que perdió a sus padres cuando tenía 10 años. Después se inició para ser monje, pero dejó el monasterio para cuidar a su abuela enferma en Mae Sai, al norte de Tailandia. Allí dividió su tiempo trabajando como asistente en el templo del monasterio y entrenando al equipo Moo Pa, que había sido recientemente conformado. Ekapol logró construir una fuerte afinidad con los niños, muchos de los cuales nacieron pobres o pertenecen a minorías étnicas sin Estado, frecuentes en esa zona fronteriza entre Myanmar y Tailandia.

“Los amaba más que a sí mismo”, dice Joy Khampai, un amigo de larga data de Ekapol que trabaja en un stand de café en el monasterio de Mae Sai. “No toma, no fuma. Es una persona que se cuida y que les enseña a los chicos a hacer lo mismo”.

El futbol como incentivo

Ekapol ayudó a Nopparat, el director técnico, a diseñar un sistema en el que la pasión de los chicos por el futbol pudiera motivarlos a destacarse en sus estudios. Si obtenían calificaciones notables en la escuela, les regalaban productos relacionados con el futbol, como por ejemplo, tachones para sus zapatos o pantalones cortos.

Ambos personajes han pasado mucho tiempo buscando patrocinadores y han utilizado al equipo Moo Pa para demostrarles a los niños que podían convertirse personajes reconocidos en la ciudad y que, incluso, algún día podrán convertirse en jugadores profesionales.

“Les dio mucho de sí a ellos”, dice Nopparat. Cuando los padres no podían, pasaba a buscar a los chicos y los llevaba de vuelta a sus casas, y se hacía responsable de ellos como si fueran su propia familia.

El triste sábado de hace dos semanas, Nopparat no sabía a dónde iría Ekapol con el equipo de futbol, pero pensó que dejarlo liderar solo a los niños representaría todo un aprendizaje para el exmonje.

Como el equipo de mayores de los Jabalíes tenía un partido esa noche, Nopparat no estuvo pendiente de su teléfono celular. Lo había revisado a las 7 de la noche, y descubrió que tenía al menos 20 llamadas de los padres, que estaban preocupados porque los niños no habían regresado a sus casas. Entonces llamó desesperadamente a Ekapol y a varios de los niños, pero sólo pudo hablar con Songpol Kanthawong, uno de los jugadores, de 13 años, cuya madre lo había ido a buscar después del entrenamiento. El chico le dijo a Nopparat que el equipo se había ido a explorar las cuevas de Tham Luang. El entrenador se dirigió enseguida al lugar, y solo encontró bicicletas y mochilas abandonadas en la entrada, y vio que el agua se filtraba por el camino enlodado.

“Grité ‘¡Ek! ¡Ek! ¡Ek!’”, dice Nopparat. “Se me congeló todo el cuerpo”.

En la mañana del sábado, la Marina tailandesa publicó fotos de cartas escritas por el grupo a su familia y al mundo exterior. Ekapol, que trazó unos garabatos sobre un trozo de papel amarillento extraído de un cuaderno, fue breve, pero incluyó una promesa y una disculpa.

“Prometo darles a los chicos el mejor de los cuidados”, escribió. “Quiero agradecer por todo el apoyo, y quiero pedir disculpas”.