Justo después de haber llegado a Washington para trabajar como asesora en comunicación para el presidente Trump, Kellyanne Conway se vio involucrada en un incidente en un supermercado. Un cliente le gritó: “¡Deberías estar avergonzada! ¡Mírate en el espejo!”.

Conway dice que ella respondió al insulto como si no hubiera pasado nada: “Los espejos están en el pasillo 9, iré a buscar uno ahora mismo”.

“¿Qué voy a hacer?”, dijo Conway al Post. “¿Ponerme triste en el pasillo de verduras enlatadas?”.

Para los empleados de Donald Trump, el presidente más combativo de la era moderna, un hombre que existe en su propio ecosistema tuitero, los desafíos de adaptarse a Washington se magnifican exponencialmente, particularmente en una ciudad predominantemente demócrata en la que su partido sólo obtuvo 4% de los votos.

Varios funcionarios de su administración cada vez se sienten más amargados por el desagradable trato que están recibiendo de sus conciudadanos cuando salen a lugares públicos.

Otra queja provino de Stephen Miller, el asesor principal del presidente que tiene vínculos con la derecha.

Miller ha sido expuesto como el arquitecto de la política de “cero tolerancia” de Trump de separar bebés, niños pequeños, y adolescentes de sus padres indocumentados, y colocarlos en jaulas en un calor sofocante.

“¡Más te vale que te portes mejor!”, le gritó una persona a Miller, en un ataque verbal.

Además, su rostro ha aparecido en carteles con las palabras “Se busca”, pegados en su vecindario.

En otro incidente, Miller pidió sushi para llevar de un restaurante cerca de su departamento, un mesero lo siguió a la calle y le gritó: “¡Stephen!”.

Cuando Miller se dio la vuelta, el mesero levantó ambos dedos medios y lo insultó. Indignado, Miller tiró el sushi.

Miller le contó la historia a sus colegas que compartieron al Post lo que le ocurrió.