Barcelona.- La crisis de secesión que afecta a Cataluña, una región en la esquina nororiental de España, se ha extendido a todo el espectro político del país europeo. 

En dos ocasiones en menos de un año, los legisladores catalanes han representado el papel de asesinos del rey, con sus votos en el Parlamento nacional en Madrid dando el empujón decisivo para derrocar gobiernos consecutivos.

La semana pasada, los separatistas catalanes se alinearon momentáneamente con sus némesis políticos, al unirse a partidos de derechas de España para derrotar la propuesta presupuestaria del gobierno socialista, después de que fracasaron las conversaciones entre el gobierno y los separatistas sobre la posibilidad de un referéndum sobre la secesión.

El fracaso de la propuesta presupuestaria nacional resultó el viernes pasado en un llamado del presidente de gobierno, Pedro Sánchez, a una elección anticipada para el 28 de abril.

El último golpe a la estabilidad española llegó ocho meses después de que los mismos legisladores catalanes respaldaran a los socialistas en otra moción de censura para derrocar al entonces gobierno conservador del Partido Popular (PP).

“Hemos hecho presidente a Pedro Sánchez como resultado de la moción de censura por exactamente los mismos motivos que tuvimos para mantener nuestra postura (contra) su propuesta presupuestaria”, dijo Eduard Pujol, diputado de la legislatura regional de Cataluña. “No puedes gobernar España sin escuchar a Cataluña”.

Las fuerzas separatistas exhibieron su fuerza el sábado pasado, cuando decenas de miles de personas marcharon en Barcelona para exigir un veredicto de inocencia para 12 de sus líderes, que están siendo enjuiciados en el Tribunal Supremo de España por su participación en el intento de secesión del 2017. La policía de Barcelona calculó que 200,000 personas participaron en la protesta.

Los manifestantes al frente de la marcha sostenían largos carteles que decían en catalán “la autodeterminación no es un delito”.

Aunque los separatistas afirman que Cataluña tiene el derecho de la autodeterminación, el gobierno de España sostiene que cualquier voto por la independencia requeriría que el Parlamento nacional hiciera una reforma en la Constitución.

Rumbo al 28 de abril

Pedro Sánchez ya está en campaña para intentar reelegirse.

Las encuestas proyectan un espectro político fragmentado por lo que obligará a un futuro gobierno español a pactar para formar un gobierno de coalición.

Eso significa que los partidos separatistas de Cataluña podrían tener influencia, especialmente si los socialistas de Sánchez necesitan sus votos para mantenerse en el poder.

“España será ingobernable mientras no se enfrente el problema catalán”, dijo la vocera del gobierno autonómico de Cataluña, Elsa Artadi.

El entorno conceptual de las nuevas elecciones es muy sensible al tema catalán. Los partidos conservadores y de extrema derecha de España, PP, Ciudadanos (C’s, hipotéticamente de centro-derecha) y Vox (de extrema derecha), centrarán sus campañas en vender un discurso muy duro e intolerante en contra de los separatistas.

El tripartito de derechas en contra de Cataluña funcionó durante las elecciones autonómicas andaluzas, el pasado diciembre, cuando lograron terminar con los 36 años de gobiernos socialistas.

Actualmente, poco menos de 50% de los votantes en Cataluña apoyan a los partidos independentistas. Pero pocos dudan de que una represión ideológica desde Madrid empujaría a más catalanes al campo separatista.

La decisión de retirar su respaldo a Sánchez fue divisiva dentro del bloque separatista. Joan Tardà, diputado del Parlamento nacional y separatista moderado, lamentó que Sánchez convocara elecciones en lugar de regresar a la mesa de negociaciones con los separatistas.

“(Sánchez) ha decidido arriesgarse con una situación que puede volverse aún más difícil de lo que ya es”, dijo Tardà. “Si las cosas van a nuestro modo, ¿cuál será el escenario? Volveremos a donde estábamos la semana pasada con la necesidad de negociar”.

Rehén o liderazgo, la opción de Pablo Casado

El sucesor de Rajoy al frente del PP, Pablo Casado, festejó la convocatoria de elecciones a la que llamó la derrota de los socialistas y atacó a Sánchez por ceder ante algunos de los reclamos de los separatistas catalanes.

“Nos toca decidir si España quiere seguir siendo rehén de los partidos que quieren destruirla, o un liderazgo del Partido Popular”, sostuvo.

Por lo que respecta a Vox, este partido registró el primer triunfo significativo de la ultraderecha en la España posdictadura franquista y las encuestas anticipan que obtendrán una buena cantidad de bancas en el Parlamento nacional.

“España, otra vez, ha sido más fuerte que sus enemigos”, tuiteó el líder de Vox, Santiago Abascal.

Prometió aprovechar la elección para reconquistar el futuro, un término que suele utilizar para aludir a la derrota de los musulmanes en España por los reyes católicos en el siglo XV.

El juicio como telón de fondo

Como complemento al menú electoral, es decir, a la oferta de promesas de todas las formaciones, el entorno estará demandando atención al juicio de 12 funcionarios catalanes acusados de activar la desconexión de Cataluña.

Oriol Junqueras, que fungía como vicepresidente de Cataluña cuando se celebró el referéndum de independencia en octubre del 2017, pese a una prohibición judicial, fue el primero de la docena de políticos y activistas acusados en declarar la semana pasada en el proceso en el Tribunal Supremo.

Como el expresidente Carles Puigdemont evitó ser procesado al huir a Bélgica, Junqueras es el funcionario de mayor rango entre los acusados. Podría enfrentar una condena de 25 años de prisión si es hallado culpable de rebelión y de malversación de fondos públicos.

Gesticulando ampliamente con las manos y respondiendo únicamente a las preguntas de su abogado, Junqueras rechazó los cargos que se le imputan e hizo una sólida defensa del movimiento secesionista catalán como no violento.

“Cualquier objetivo noble puede resultar inmoral si los mecanismos para conseguirlo son indecentes”, dijo. “Esto es válido para la república catalana, para la monarquía española, para Europa o para cualquier otra cosa”.

El líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), una formación de izquierdas, comenzó su intervención declarando ante el panel de siete magistrados que “se me acusa por mis ideas y no por mis hechos”. Además, declinó contestar a la preguntas de la fiscalía y del resto de las acusaciones, y calificó el proceso de político.

“Y en estos momentos me considero preso político”, dijo.

Serán semanas intensas las que España entera viva. Las elecciones y el juicio contra los independentistas serán parte de un mismo eje conceptual-electoral.