Jackson, Misisipi. Desde zonas rurales hasta grandes metrópolis, un frenesí de compra de armas recorre Estados Unidos, un reflejo de la creciente angustia por la pandemia, la violencia y un clima político hipertenso.

Con su protector antiruidos en las orejas, Brenda Dumas apunta su flamante pistola hacia un blanco de cartón. “Dispara”, ordena el instructor. Las detonaciones retumban en la academia de tiro Boondocks Firearms, en Jackson.

“Quiero ser capaz de protegerme”, explica esta mujer blanca sexagenaria que acaba de comprar su primera arma y convenció a su esposo a tomar un curso de tiro. “Me siento algo menos segura a causa de la violencia que se ve en la televisión”.

Las estadísticas de la policía federal sobre los pedidos de verificación de antecedentes judiciales obligatorios para comprar armas confirman ese aluvión. En el 2019 se tramitaron 2.3 millones de pedidos y en los seis primeros meses del 2020, 3.9 millones, lo cual es un récord.

Chad Winkler recuerda que siempre hay un alza antes de cada elección. A su juicio, los dueños de armas, casi 30% de los adultos estadounidenses, se aprovisionan por temor a un eventual endurecimiento de la legislación.