Bruselas. La Unión Europea cerró el primer trimestre de este año sin haber logrado un solo objetivo de los que se fijó previo al inicio del año.

Bruselas estimó el 31 de marzo como fecha límite para vacunar al 80% de la población de más de 80 años de edad y al 80% del personal médico.

Las cifras reales están en una posición muy lejana: el 27% de la población mayor a los 80 años ha sido vacunada y en cuanto al personal médico, menos de la mitad.

Uno de los obstáculos con los que se ha topado es la distribución. La pugna de Bruselas con la farmacéutica británica AstraZeneca le ha representado recibir 70 millones de dosis menos de lo estimado.

En el radar de planeación de la Unión Europea no aparecía la vacuna rusa Sputnik V, muy probablemente por razones geopolíticas, sin embargo, varios países rompieron filas y decidieron comprar la Sputnik V.

El fracaso de la campaña de vacunación ha sido tan grande que la semana pasada Emmanuel Macron y Angela Merkel sostuvieron una conversación con Vladimir Putin para hablar sobre la vacuna Sputnik V.

El caso de la vacuna Sputnik V se ha cobrado una víctima política en Europa. Se trata del primer ministro de Eslovaquia Igor Matovic, criticado por su gestión en la pandemia y su decisión de comprar dosis rusas.

Austria también rompió filas con los 27 países de la Unión Europea al negociar con Moscú la compra de sus vacunas. Se trata de una adquisición de un millón de dosis (300,000 en abril; 500,000 en mayo; y 200,000 en junio).

Una delegación de la Agencia Europea del Medicamento viaja esta semana a Moscú para revisar los ensayos clínicos del fármaco ruso. El ministro de Sanidad Mijail Murashko anunció la llegada de los expertos el próximo sábado, lo que supondría ser la fase final para que el regulador europeo incluya la vacuna rusa entre las autorizadas por la Unión Europea.

El fracaso ha hecho saltar por los aires a la geopolítica europea.

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