Nápoles. CUANDO LAS bombas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) empezaron a llover sobre Libia en marzo pasado, el presidente estadounidense, Barack Obama, y otros líderes occidentales aseguraron a sus respectivos públicos que la campaña para proteger a la población civil de la represión del líder libio, Muammar Gaddafi, terminaría en pocas semanas.

Ahora, la incursión de primavera se ha extendido al verano y la resistencia de Gaddafi ha sorprendido a los líderes que se comprometieron con la operación. Los llamados a poner fin a la guerra se multiplican, aun cuando una agotada OTAN pide más tiempo.

Al llegar la campaña a su cuarto mes, los altos mandos de la OTAN insisten en que se están alcanzando los objetivos y que Gaddafi se habrá de convertir en la tercera baja de la primavera árabe.

Sin embargo, lo anterior habrá de ocurrir, aseguran, sólo a través de un lento pero sostenido avance contra la capital, Trípoli, mientras a las tropas del gobierno se les agotan los suministros y no en un gran despliegue pirotécnico que lo echaría del poder en un instante.

El nudo se aprieta a su alrededor; cada vez hay menos sitios adónde puede ir , aseguró el general canadiense Charles Bouchard, jefe de operaciones, en una entrevista este domingo en su cuartel de Nápoles.

No es posible esperar a que alguien que estuvo en el poder 41 años se vaya a retirar a la primera señal de problemas , agregó el militar.

Las primeras indicaciones de que el compromiso a la misión se está debilitando se dieron en la Cámara de Representantes en Washington el viernes pasado (ver nota adjunta).

En Gran Bretaña, un alto comandante militar afirmó la semana pasada que si la campaña libia dura más allá de septiembre sus fuerzas no soportarán la presión. Asimismo, en Italia el Ministro de Relaciones Exteriores pidió el fin inmediato de las hostilidades.

La OTAN ha volado más de 4,700 misiones de ataque, reduciendo a ruinas al Ejército de Gaddafi. Observa sus movimientos militares con aviones no tripulados que pueden permanecer en el aire durante días enteros.

A pesar de todo, Gaddafi se mantiene causando bajas a los rebeldes en su fortaleza de Misurata, en las poblaciones de las montañas al sur de Trípoli, así como a lo largo del frente oriental.

Según Bouchard, la extrema precaución de la OTAN con relación a bajas civiles (que en una instancia canceló planes elaborados durante muchos días porque se jugaba un partido de futbol junto a un objetivo) ha detenido avances en la campaña. La OTAN reconoce sólo una instancia en la que pudo haber ocasionado bajas civiles.

Algunas medidas que podrían acelerar la salida de Gaddafi, como cortar las líneas de abastecimiento de combustible a Trípoli, no se pueden implementar porque el mandato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), no permite destruir infraestructura civil, explicó Bouchard.

Según algunos analistas, el principal problema de la campaña ha sido que desde el principio hubo expectativas poco realistas.

Las próximas semanas podrían ser determinantes para la campaña militar llevada a cabo en aquella nación árabe.