Washington.- En tiempos de crisis, ningún recurso es tan valioso ni tan perecedero como la credibilidad. El fin de semana, la Casa Blanca de Obama descubrió otra fuga, que agrava el reto de enfrentar lo desconocido.

En una audiencia pública en días pasados, el titular operativo de BP, Doug Suttles, afirmó que la más reciente maniobra, recortar el ducto en el fondo del mar por donde emana el crudo para colocar una cúpula tapadera, afectaría muy poco el volumen de la fuga. Los funcionarios de la Casa Blanca no lo podían creer, pues los análisis del gobierno sugerían lo contrario, que recortar el ducto elevaría el derrame en 20%, al menos temporalmente.

Durante semanas, funcionarios federales han estado hombro con hombro con ejecutivos de BP, avalando así la veracidad de la empresa. Pero eso se acabó. La Casa Blanca informó a BP que ponía punto final a las comparecencias conjuntas.

El gobierno ahora se moviliza para recuperar el control, tanto en apariencia como en realidad, de una situación que constituye un verdadero reto para ambas. Se trata de una movilización, apresurada y algo caótica, de una amplia gama de dependencias y recursos gubernamentales, desde la Agencia de Protección Ambiental y la Agencia Federal de Control de Emergencias, hasta la Administración de Alimentos y Medicamentos y Fuerzas Militares. Se trata de algo que nunca antes se ha intentado.

La nueva norma en la Casa Blanca de Obama exige la superposición de un nuevo itinerario sobre el anterior programa de trabajo. Diariamente, está agendada una teleconferencia sobre el derrame para miembros del gabinete, otra para sus subsecretarios y una más para los gobernadores de los estados afectados y a veces, hasta tres reuniones al día con la presencia del propio Obama.

La agenda no es tan caótica como podría parecer, dice la asesora presidencial sobre Energía y Cambio Climático, Carol Browner. Es mucho más sistemática. Pero ya se sabe cómo son las burocracias, y el nuevo sistema está lejos de ser eficiente. Aunque cada día está saturado de teleconferencias entre dependencias y ríos de correos electrónicos, algunos funcionarios se quejan de que a veces sienten que están bordando en el vacío.

En su programa sabatino de radio, Obama enlistó los recursos para contener el derrame: 17,500 tropas de la Guardia Nacional; 20,000 empleados de aguas y costas; 1,900 embarcaciones, 4.3 millones de pies de malla protectora, y un ejército de científicos y técnicos.