Atenas. En su primer día como primer ministro griego, tras una histórica victoria electoral que significó lo mismo esperanza que pánico en toda Europa, Alexis Tsipras hizo todo de manera diferente.

En la residencia presidencial, sin corbata y con la camisa abierta, el líder griego más joven en 150 años omitió el juramento tradicional sobre una Biblia. En lugar de la habitual transferencia de poderes con su predecesor, el ex activista comunista depositó flores en un monumento erigido a cientos de combatientes de la resistencia izquierdista sacrificados durante la Segunda Guerra Mundial.

Y luego, al insistir que no había más tiempo para la pompa, el hombre de 40 años de edad se puso a trabajar. Tenemos que acelerar los procedimientos ya que enfrentamos un escenario adverso , aseguró el líder del partido Syriza en la veloz toma de juramento.

La naturaleza pragmática del día refleja tanto la esencia del joven radical que ha prometido transformar a Europa como la urgencia de su desesperada nación.

Tsipras ha prometido gobernar en una forma completamente nueva; sin embargo, resta ver si de dicha manera llevará a Grecia a la salvación o la ruina. La respuesta tendrá importancia no sólo para Grecia, sino también para España, Italia y Portugal, naciones profundamente endeudadas del sur de Europa, que coquetean con la insurrección en contra del largo reinado de la austeridad.

Tsipras deberá tomar decisiones críticas durante su primera semana como primer ministro a medida que Grecia se está quedando sin dinero y con la apremiante necesidad una infusión de capital, proveniente de sus acreedores antes de finales del próximo mes.

En sus fieros discursos de campaña, Tsipras arremetió en contra de tales acreedores, lo que le significó ganar el apoyo de los griegos desanimados con su visión de una economía separada de los implacables recortes condicionados a un rescate de 284,000 millones de dólares. A menos que los acuerdos sobre dichos préstamos sean renegociados, afirmó, Grecia dejará de pagar sus deudas, que todavía representan un descomunal 175% del Producto Interno Bruto de la nación.

Pero dado que los acreedores, de mayoría alemana, no mostraron ninguna muestra de echarse para atrás en los acuerdos previos,Tsipras pronto podría verse obligado a escoger entre sus altos ideales y la realidad de un gobierno que necesita fondos urgentemente.