El ex gobernador de Sao Paulo José Serra aceptó formalmente el sábado la candidatura presidencial del principal partido opositor de Brasil, tras lo cual dijo que haría un Gobierno más ético en casa y en el extranjero que el del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Serra, un prestigioso economista con larga trayectoria en el servicio público, fue designado como candidato en una convención de su centrista partido PSDB en la ciudad de Salvador, cuatro meses antes de las elecciones presidenciales de octubre.

"Creo en los derechos humanos, dentro de Brasil y afuera", afirmó Serra en el discurso en el que aceptó su candidatura. "No es bueno elogiar continuamente a los dictadores en todos los rincones del planeta", agregó.

Lula, que disfruta de altos índices de popularidad en Brasil, ha mantenido estrechos lazos diplomáticos con países criticados por abusos de los derechos humanos, incluyendo a Cuba e Irán.

Serra también criticó a la coalición de Gobierno de Lula por varios escándalos de corrupción que han surgido desde que el ex líder metalúrgico comenzó su primer mandato en el 2003.

Serra debe desarrollar una estrategia para superar a la discípula de Lula, Dilma Rousseff, quien puede aprovechar a su favor la enorme popularidad del presidente y una recuperación de la economía.

Estas ventajas la hacen favorita para la mayoría de los expertos. Pero la amplia experiencia ejecutiva de Serra y el hecho de que es conocido a nivel nacional lo convierten en un duro rival para Rousseff, del centroizquierdista Partido de los Trabajadores. Lula está impedido por la Constitución de competir por un tercer mandato.

El Partido de los Trabajadores realizará una convención el domingo en que confirmará la candidatura de Rousseff.

Rousseff ha ganado terreno frente a Serra en las últimas encuestas, gracias a una mejora de la economía, y lo igualó en 37 puntos en el sondeo nacional más reciente publicado este mes.

Serra es favorito de algunos inversores porque promete mantener la disciplina fiscal y por su reputación como un administrador competente, aunque ni él ni Rousseff se desviarían mucho de las actuales políticas económicas mayormente amistosas con el mercado.

Líderes de la oposición dicen que planean jugar como carta la vasta experiencia de Serra y que tratarán de impedir que las elecciones se convieran en un plebiscito de los ocho años en el poder de Lula, durante los cuales la economía experimentó una bonanza y se redujo la pobreza.

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