Londres. Un ex primer ministro, una firma financiera opaca y miles de millones gastados para combatir la pandemia. Una cascada de revelaciones desde la quiebra del grupo financiero Greensill Capital puso de manifiesto peligrosos vínculos entre políticos británicos y círculos empresariales.

Westminster, el barrio de Londres donde se encuentran gobierno, ministerios y parlamento, no había visto tanta agitación desde un escándalo en 2009 por los gastos rembolsados a los diputados, que alimentó la desconfianza en las élites políticas unos años antes del referéndum sobre el Brexit.

"Cada día que pasa aporta pruebas del comportamiento inmoral de este gobierno conservador", lanzó el día de ayer en el parlamento el líder de la oposición, el laborista Keir Starmer, al primer ministro Boris Johnson.

En el ojo del huracán está el ex primer ministro David Cameron, artífice del referéndum sobre el Brexit, que dimitió en 2016 tras el voto a favor de abandonar la Unión Europea y se convirtió en asesor de Greensill Capital.

Pero esta compañía financiera, especializada en préstamos a corto plazo a las empresas, quebró el mes pasado, lastrada por acuerdos financieros arriesgados y poco transparentes.

Johnson ordenó esta semana una investigación independiente sobre el cabildeo que Cameron ejerció sobre su ejecutivo, especialmente al ministro de Finanzas, Rishi Sunak, para beneficiar a Greensill.

"Comparto la preocupación generalizada sobre algunos aspectos de lo que estamos leyendo en este momento", respondió Johnson a Starmer.

Por su parte Cameron reconoció que cometió errores y aseguró que cooperará en la investigación.