El jefe de la custodia del fiscal argentino Alberto Nisman, está siendo investigado y se convirtió en el tercer suspendido de la policía por este caso que intriga a Argentina, informó el miércoles una fuente judicial.

El policía Rubén Benítez, quien coordinaba la custodia compuesta por diez efectivos, era un hombre de confianza de Nisman y dijo que lo había disuadido de comprar un arma días antes de su muerte, según la declaración que hizo ante la fiscal encargada del caso, Viviana Fein, filtrada a la prensa.

Los encargados de la seguridad de Nisman, que investigaba el atentado contra la mutual judía AMIA en 1994, quedaron bajo la lupa por las contradicciones en que cayeron en sus declaraciones ante Fein.

Las autoridades policiales aseguran que no cumplieron con el protocolo establecido cuando el pasado 18 de enero pasaron varias horas sin que Nisman apareciera o se comunicara con ellos y no advirtieron a sus superiores.

Además de Benítez, otros dos custodios fueron "pasados a disponibilidad". Ellos son Armando Niz, suboficial superior de la Policía Federal y el sargento Luis Ismael Miño.

Los pormenores de la investigación siguen centrando la atención de los argentinos, que este miércoles aguardan a las 15:00 una conferencia de prensa de Diego Lagomarsino, el único imputado en este caso por haber prestado el arma calibre .22 de donde salió la bala que mató al fiscal.

Lagomarsino, estrecho colaborador de Nisman, parece ser hasta ahora la última persona en haber visto con vida al fiscal que cuatro días antes de su muerte hizo una grave denuncia contra la presidenta argentina Cristina Kirchner y el canciller Héctor Timerman.

Los preparativos para el velatorio de Nisman avanzaban el miércoles, luego que Fein dispusiera la víspera la entrega del cuerpo.

El entierro está previsto para el jueves en el cementerio judío de La Tablada, en las afueras de Buenos Aires.

Nisman apareció muerto de un disparo en la sien, en su departamento del barrio de Puerto Madero, ubicado en un edificio que tiene fuertes medidas de seguridad.

Su muerte se produjo días después de denunciar a la presidenta Cristina Kirchner y al canciller Héctor Timerman de intento de 'encubrir' a los acusados iraníes por el ataque a la AMIA, el mayor ataque terrorista en Argentina que dejó 85 muertos y 300 heridos.

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