El presidente del Congreso brasileño y enemigo político del Gobierno, Eduaro Cunha, aceptó el inicio del juicio político (impeachment) contra la presidenta Dilma Rousseff.

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Esto como represalia al apoyo de diputados del partido político de la mandataria para que Cunha sea depuesto.

Varias fuentes cercanas a Cunha, líder del Legislativo acusado por la fiscalía de beneficiarse en la trama de corrupción de Petrobras, habían asegurado que el político se pronunciará esta semana favorablemente sobre la apertura del proceso de impeachment.

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El objetivo de esto es que el plenario del Congreso vote la eventual apertura de un juicio político a Rousseff por incumplir las leyes de responsabilidad fiscal.

Después de semanas en las que el Gobierno y Cunha parecían haber acercado posiciones para evitar que el plenario de la Cámara Baja votara el impeachment, el líder del Legislativo se siente ahora traicionado, según la prensa brasileña.

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Ello porque una comisión parlamentaria –denominada Consejo de Ética- estudia si inicia un proceso de destitución contra Cunha por mentir al Congreso cuando dijo que no tenía cuentas bancarias en Suiza, afirmación que quedó refutada por documentos oficiales de la fiscalía de ese país europeo.

La comisión, formada por 20 parlamentarios, debate desde hace días si abre el proceso de destitución, pero para que la medida vaya al plenario debe recibir el respaldo de una mayoría simple de los diputados que la integran.

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Los votos clave para determinar si se inicia el proceso de destitución de Cunha recaen en tres diputados del Partido de los Trabajadores (PT) de Dilma Rousseff, quienes tras días de zozobra dijeron este miércoles que –contrariamente a los pedidos del Gobierno, que teme la apertura del impeachment- sí votarán a favor de que se destituya al líder del Legislativo.

El presidente Cunha no es confiable, no piensa en Brasil , dijo el diputado del PT, Zé Geraldo, quien vota en la comisión sobre Cunha, con lo que da a entender que votará junto a sus dos compañeros de formación para que el presidente del Congreso sea destituido.

Para prosperar, un proceso de impeachment contra Rousseff debe, en primer lugar, recibir el aval del presidente del Congreso, y posteriormente la medida debe ser respaldada por al menos dos tercios de los 513 diputados del Congreso brasileño, lo que supone al menos el apoyo de 340 diputados.

Fuentes del Gobierno brasileño creen que una base aliada de 200 diputados se oponen al impeachment, por lo que la medida no prosperaría, pero el empeoramiento de la crisis económica y la escalada de escándalos de corrupción en el seno del Ejecutivo hacen peligrar el apoyo en el Legislativo.

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