Asistimos a la emergencia de una combinación de derechas que no conocíamos en América Latina, donde hay un discurso ambiguo en torno a la democracia que no sabemos en qué va a terminar, planteó el internacionalista Hernán Francisco Gómez Bruera.

En entrevista dijo que el recién electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, va a tratar de articular a gobiernos de derecha en la región y si bien en campaña manifestó que lo que quería era desideologizar las relaciones internacionales, la verdad es que él también quiere ideologizarlas a su manera.

“Quiere crear un polo de derecha en Sudamérica”.

El también autor del libro El Partido de los pobres y el dilema de la gobernabilidad en Brasil, editado por el Fondo de Cultura Económica, destacó que Bolsonaro se manifestó en contra del Merco Sur y las iniciativas de integración que en su momento impulsó Hugo Chávez y a las que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se asoció.

Dijo que lo importante es ver si su discurso tiene eco en los mandatarios de la región o ver si lo aíslan.

Indicó que esto último puede ocurrir incluso por los presidentes de derecha, porque es probable que puedan expresar que son una derecha liberal comprometida con la democracia y los derechos humanos y no están dispuestos a asociarse con alguien que ponga en peligro estos valores.

En cuanto a la vida interna de Brasil, el académico que ha dedicado parte de su investigación a descifrar al Partido de los Trabajadores (que llevó a Lula al poder), expuso que “el misterio ahora es qué tanto de su agresivo discurso de campaña va a derivar en la práctica o si éstas son expresiones para provocar o encender el debate”.

Además, habrá que ver qué tanto va a respetar las instituciones democráticas porque las cosas que hemos escuchado en su discurso son de alarmarse realmente.

Es un enemigo jurado de la democracia, señala.

Para el académico, Bolsonaro es un enemigo jurado de la democracia, alguien a quien se le puede considerar como un apologista de dictaduras, la muerte y la tortura, pues promueve y ejerció durante su campaña de proselitismo una narrativa racista y sexista. Es un homófobo y machista.

Gómez Bruera destaca que ha llegado a declarar que los derechos humanos son estiércol, que “policía que no mata no es policía”; que ha comparado a los afrodescendientes (que en Brasil se conocen como quilombolas) con cerdos y ha dicho que los negros sólo sirven para procrear o ha llamado a los indios “pestilentes y maleducados”.

Incluso, en alguna ocasión dijo que sería incapaz de amar a un hijo que fuera homosexual y que prefería que un hijo suyo muriera en un accidente a que apareciera por ahí con un bigotudo.

Para el también analista político, es muy importante no hacer colocar en la misma bolsa al presidente electo de Brasil con otros líderes populistas o antisistema de la región y del mundo.

Destaca que en Bolsonaro no hay una postura propiamente nacionalista, ni tampoco se le puede considerar como antiglobalizador.

Más bien, añade, es un sujeto ultraliberal en lo económico, autoritario en lo político y ranciamente conservador en lo religioso o cuestiones familiares.

A diferencia de otros presidentes o líderes de América, a Bolsonaro tampoco puede vérsele como defensor de su industria nacional. Más bien tiene una alianza con el gran capital.

El internacionalista los describe como quien empuja un proyecto de liberalismo económico, sin liberalismo político.

Desde su perspectiva, en gran medida el triunfo de Bolsonaro se explica por el apoyo de una élite que se dio cuenta que la democracia liberal no era funcional a sus intereses y prefirió apostar por el autoritarismo.

Sin embargo, plantea que parte de sus triunfos políticos se deben mucho a la corrupción de toda la clase política, a la recesión económica, a la violencia y a la inseguridad, así como a la voluntad de un sector de la población de aceptar mano dura para combatir fenómenos como la inseguridad.

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